miércoles, 19 de octubre de 2016

Autobiografía no autorizada por Sergio Bravo Loyola

Sergio Bravo Loyola. Intento de poeta e intento de todo lo que uno podría imaginar. Un ser humano, con forma de ser humano, como todo ser humano. Que tiene la fortuna de poder caminar con sus pies, de escribir un texto como este en un computador con sus manos. Inhala por la nariz, exhala por la boca. Pestañea y mastica, con sus ojos y dientes. Escucha por los oídos y se pea. Mea y se echa desodorante en las axilas. A veces se afeita.

Un hueón más. Que a sus 24 años está endeudado por estudiar una carrera que no terminó. Que ha vivido en la clase media y que lo seguirá haciendo porque pitutos no tiene. Huérfano de madre desde los 18 años.

Pero la vida de Sergio Bravo Loyola también tiene cosas lindas. Es considerado el mejor intento de poeta que vive en su casa dejando chicos a sus sobrinos y hermanos en este rubro. Ellos nunca lo han intentado, es cierto, pero gana por goleada. Sergio, además se desempeña como Mano de Obra Barata en la Isi Cartonera. Y todos los lunes juega futbolito con algunos amigos en un torneo. Lauchero con 4 goles en 2 partidos (a la fecha).

3 libros conforman la bibliografía de Bravo Loyola. Poesía corta, que busca la comprensión óptima del lector. Seguidores y detractores afirman que este estilo es muy bueno porque no hay que estar dándole mucho tiempo a este gil.

Hace meses que no escribe un verso. Hace meses ni siquiera intenta arreglar algún poema antiguo. Por esa razón se transformó en huevo para ingresar a esta bandeja: para soltar la mano y ver qué sale del ejercicio.

Si les gusta o no, ya no es culpa suya. Pronto más información.



martes, 18 de octubre de 2016

"Un día el hombre" por Macarena Yupanqui


Fue más o menos a los once años de edad cuando comenzaron a rodearme las miraditas, esas sigilosas miraditas de reojo hacia el trasero, o esas chupadas de labio con los ojos dirigidos a la vagina. Once años de edad y comenzaba  a sentir incomodidad de usar calzas, o de pasar en frente a una construcción. Me parece insólito, ahora a los veintiséis,  haber sentido a los once años que esa seguidilla de acciones era parte de “lo normal”, era momento de crecer, ya nos crecieron los pechos y nos salió el vello púbico,  había que comenzar a cuidarse, a estar atentas y ser pillas, ya somos mujeres, listas para….

Han matado a más de 20 mujeres durante el año 2016, acá en Chilito, a la vuelta de la esquina, en la casa del vecino, a tres estaciones de metro de nuestro trabajo, en nuestras narices (y esto se repite en cualquier lugar del mundo donde te encuentres parado).
Cuando los femicidios comenzaron a aumentar (o más bien, comenzaron a darse a conocer, debido  a la masificación de las redes sociales), pensaba en lo horrible que debió haber sido para aquella mujer estar ahí en ese momento, pensaba en lo que haría yo si me ocurriera algo similar o ingeniaba mentalmente estrategias para defenderme, pensaba también en la suerte que había tenido en mi adolescencia, en esa ruleta rusa, que gira día a día, en las calles, al aceptar la invitación a salir con alguien, al caminar por una calle sola o de noche, al ir a una entrevista de trabajo, al levantar la voz a un hombre que no conoces del todo… nunca di un sí fatal, no llegué a manos de un enfermo… pero no todas tuvieron la misma suerte.
Hemos crecido con miedo y ahora tenemos terror e incluso  algo mucho peor: odio. El odio se respira, se lee, se ve, se siente en el alma… ese resentimiento, que de alguna forma no queremos sentir, pero que nos nace de las vísceras, como una necesidad,  como una fuerza que nos motiva, como una nueva identidad femenina, que nos hace luchadoras, rudas, fuertes y resistentes.
Pero yo me pregunto, ¿hacia dónde? ¿hacia quién?, ¿qué es realmente lo que odiamos? ¿a los hombres?, ¿al asesino?, ¿a nosotras mismas, por no haber nacido más fuertes para poder defendernos? ¿a la especie? ¿al miedo mismo?.
Antes de haber tocado fondo con la ira ante tanta masacre, pensaba que el arma contra el miedo era el amor, pero esa idea quedó obsoleta, basta ver cómo vivimos: rejas en las ventanas, alarmas de seguridad en las casas, cadenas, candados, desconfianza, hostilidad.  Pues entonces más aún, en esta gran lucha contra el mayor de los miedos, la muerte, debemos responder y defendernos con la misma moneda. Suena primitivo y vulgar, pero hay hechos en los que topándome con esta realidad lo he comprobado. Dentro de mi pesimismo, creo que el mundo está devastado, nos topamos de frente con una realidad que no es más que la realidad de las condiciones que tenemos como especie humana: hombre y mujer/fuerza y debilidad, y ojo que la fuerza física claramente no es excusa, es el triste motor depositado en una especie enajenada que no la sabe usar. Por lo mismo, nuestra bandera de lucha y en lo único que podemos depositar fe, es paradójicamente en la violencia, en la autodefensa, en el miedo, imagínense, el miedo, nuevamente aparece el miedo, pero esta vez del otro lado.
 Recuerdo que una vez, cuando estaba embarazada a los veinte años, estaba profundamente triste porque sentía que la vida no estaba siendo justa conmigo, sentía que era totalmente injusto que el padre de mi hija siguiera con su vida como si nada, sin vivir ese embarazo, sin hacerse siquiera cómplice de este estado, y en un almuerzo que tuve con mi papá y su pareja, exploté a llorar, y ella me dijo: “pero Maca, si la vida no es justa, la justicia no existe, nos han enseñado mal, eso lo puedes notar en la naturaleza, en la naturaleza el más débil siempre sale perdiendo, ¡y es así!...”
 En ese minuto, lo entendí, pero entenderlo no hizo que me sintiera mejor.  Como todas las cosas, el tiempo y la digestión dan el resultado de lo que vamos viviendo y adquiriendo. Lo hacemos no una vez que lo entendemos, sino una vez que lo vivimos.
Aquí, nos encontramos cara a cara con la realidad, la realidad que aceptamos como real porque viene de nuestro interior, ese odio triste con el que leemos cada noticia macabra es real. Así creo que una cosa es cierta: estamos en guerra… una guerra que se está peleando, pero llena de interrogantes, de dardos mal tirados, de miedos y rabias que apuntan a un lugar en el fondo desconocido, ese lugar donde está el rival, pero…  no conocemos al rival. Sabemos que son los hombres, pero ahí topamos en que son sólo algunos los que matan, entonces apuntamos al machismo, a la crianza, a los valores, a la educación sexista, el famoso patriarcado, a las mismas mujeres criadoras de machitos, ésos que no saben ni siquiera hacer una cama, pero… ¿Son realmente esos lugares dónde encontramos las respuestas a las muertes, a las torturas, a las violaciones?, pensar que la respuesta es sí,  es lo que tiene al mundo “movilizado” por una causa que vista con ojos de esperanza tiene solución, quizás después de siglos de batalla, pero tiene solución.
 Durante años se ha “competido” entre hombre y mujer, siempre ha existido esa lucha, ese gallito constante, desde lo más cotidiano (cómo la hostilidad que hay en un hogar dónde las labores no son realizadas por ambos de manera justa),  hasta lo más intangible (como llegar a medir inteligencias, capacidades cognitivas o destrezas laborales). ¿No parece absurdo?, créanme que no lo es, más que la vida misma.
Se ha intentado identificar el problema, se ha hablado de machismo, de patriarcado, de derechos, de igualdad, pero hay una cosa que escapa a todas esas calificaciones: la psicopatía, el degeneramiento, y todas las naturalezas  amorales que provocan la muerte y el caos social. En esta batalla hay dos enemigos: el asesino y la estupidez. Por un lado debemos defendernos y por otro lado debemos reeducar, reeducarnos, disciplinarnos, hacernos cargos del “yo mismo”, reconstruir las ideas de un patrón o norma que instruya y conduzca nuestra naturaleza violenta.









lunes, 17 de octubre de 2016

Naturaleza Noumenal por Jhon Bacanalés

Estimado y amable lector, este es un mensaje para usted [por eso los calificativos de estimado y amable. Ahora si usted no se considera estimado ni amable, por favor desista de inmediato de leer lo que a continuación voy a escribir].
Estamos ubicados en la ciudad de Valparaíso [digo estamos, en plural,  porque estoy yo (mi conciencia) más el conjunto multitudinario de microorganismos que me componen (una voluntad irracional y ciega)], que estemos en una ciudad llamada Valparaíso es lo menos importante del texto [cabe destacar que dicha ciudad colinda con el mar y posee aire puro. Esto último es la materia básica-fundamental para escribir o generar cualquier pensamiento o contenido digno de ser publicado o producido]. Hace 6 meses nos mudamos  a acá, por el motivo de investigar y recoger datos sobre el Noúmeno.  Usted se preguntará ¿qué es el Noúmeno? y yo le responderé o intentaré responder ¿qué es el Noúmeno?

Toda la información que se pueda recoger a través de los sensores [en las máquinas] y sentidos [en los organismos] y ser procesados por nuestros sistemas computacionales [en las máquinas], neuronales y movimentales [en los organismos] es relativo a la fenomenología (al fenómeno de estar vivos). Todo lo que no está al alcance de nuestros sistemas es Noumenología (Noúmeno).
El primer animal humano que mencionó el concepto Noúmeno fue don Inmanuel (de apellido Kant). Él dijo que el ser humano solamente puede razonar sobre las cosas que puede percibir (fenomenología) y  lo que no está al alcance del razonamiento humano no es digno de ser estudiado.  A esos datos inalcanzables los definió como “la cosa en sí”, la esencia misma de las cosas que hace que las cosas sean.
P/E: La fuerza de gravedad nos atrae al centro de la tierra. Pero ¿por qué la fuerza de gravedad nos atrae al centro de la tierra? Don Inmanuel respondería, porque sí.
Sabemos que las fuerzas gravitacionales están presentes en toda la materia y que mantiene en funcionamiento al universo, pero ¿ qué es la gravedad? ¿por qué sucede? ¿de dónde viene toda esa energía?. Todas esas preguntas sin respuestas son relativas al noúmeno.
Bueno, en este punto quisiera agradecer al señor Kant por su participación. Hay que recordar que esto “la cosa en sí” fue escrito en el mil setecientos y pico y que nosotros somos los herederos legítimos y los responsables a seguir desarrollando todo este conocimiento metafísico. Usted se preguntará ¿y por qué?... Porque sí.
Usted entenderá amable lector, que para dedicarse a estudiar “estos temas” de forma tan elevada y profunda hay que tener unos enormes huevos y ser poseedor de una fuerza de voluntad irracional y ciega. Los acreedores de estas características (huevos grandes y fuerza) están distribuidos por la faz de la tierra en pequeño número, no más que los tréboles de cuatro hojas, además hay que agregar su condición anónima e independiente en la que viven. Ahora si usted llegase a encontrase con un texto contemporáneo escrito por un ser como los ya mencionados, atesórelo y siéntase privilegiado como quien encuentra un trébol de cuatro hojas. Dicho esto, y como usted ya intuye, el organismo quien escribe (o sea, yo) es poseedor de esas características (grandes huevos y voluntad). Esta condición me ha llevado, o mejor dicho, nos ha llevado (al principio de esta publicación aclaro la pluralidad del quien escribe) a corregir y mejorar lo planteado por el señor Kant.
Hay que comprender que la especie humana contemporánea ha llegado a conductas gregarias vergonzosas y que éstas han provocado el fin de la civilización. No es extraño que usted se desentienda de la política y tenga ideas de generar su propio “emprendimiento”. Es por esto, que en el siguiente párrafo analizaré al animal humano de forma singular y no como generalidad.

Un ser humano en particular, solamente puede acceder a la información que él es capaz de razonar. Lo que está más allá de su razonamiento particular es de naturaleza noumenológica.
P/E: Usted ocupa su celular, lo enciende, lo apaga, envía mensajes, se comunica. Todo lo hace muy bien y sabe cómo hacerlo. Pero usted ni siquiera sabe cuáles son los principios básicos electrónicos que hacen que esas cosas sucedan. A lo más intuye que la información viaja por el aire y es recepcionada por otro aparato. Todos esos principios electrónicos que usted desconoce son datos de naturaleza noumenológica (para usted). En cambio, un ingeniero electrónico que estudio nueve años en la universidad y que además es capaz de fabricar un celular y hacerlo funcionar, sabe muy bien cuáles son los principios básicos electrónicos que hacen que el dispositivo envíe y recepcione datos y no le es ningún misterio que esas cosas sucedan.

El mundo representado por el fenómeno de la naturaleza es común para todos los seres de la naturaleza. En cambio, el mundo de la voluntad Noumenal es particular, propio, singular, original y personal  y está delimitado por los niveles de conocimiento, cognición, autoconocimiento y metacognición que maneje el organismo.





Jhon Bacanalés, lunes 17 de octubre del 2016









Próximos temas a tratar:

- ¿Qué es El Respeto?
- La Carencia como Virtud
- Voluntad y Protocultura
- El caballo de dos piernas (El reino de los caballos sabios)
- La importancia del agua para la navegación
- La velocidad de la Luz

domingo, 16 de octubre de 2016

Poemas: "Los Patos" y "Las Verdes" por Aurora Varas

Los patos


Un pato
como la nieve
volaba por los jardines de las casas.
El pato olió una rosa
una mariposa se paró en la rosa
y el pato olió la mariposa.



Las verdes


Una planta está en el jardín
todo está feliz
no me importa estar en París
aquí soy… mi alma está aquí.