Es difícil tratar de explicar ésto que en los últimos años ha tomado fuerza. El tema de que el binomio femenino y masculino no están atados necesariamente al sexo. Los más conservadores pueden elevar la voz cuando se trata de ésto, pero el sentido lo tiene cuando se está inserta en la creación, en el cuero propio.
Hay algo que nos es dado por la educación, y quizás por eso, cuando por fin en mí se condensó la fuerza de escribir, me sentía más cómoda escribiendo como un sujeto poético masculino. Traté de escribir como mujer, pero sentía que no tenía fuerza, que era débil; pero ese era el primer prejuicio.
Dado que era necesario escribir, seguí el instinto de escribir como si fuera hombre. Y sobretodo escribía narrativa. Debo confesar que era un poco confuso igualmente tratar de imaginar cómo piensa un hombre. Hice lo que pude. Y trabajé por un año en un taller, tratando de encontrar mis letras.
De pronto, más bien, con los años, la poesía se materializó dentro. Y lo femenino comenzó a tomar fuerzas sobretodo en los ultimos años, cuando los temas de género comenzaron a ser discusión pública, con el acuerdo de vida en pareja, con la gente saliendo del closet, con los travestis haciendo feminismo, con los gays amándose sin miedo en la calle.
Un hombre me dijo que la poesía es un lenguaje muy femenino. Eso, y también la confección de libros. "Hay que verla a usted como hace sus libros, cariño", me dijo otro hombre. Entonces me di cuenta que había estado buscando la identidad femenina, que la educación ha censurado en mi vida (que yo he permitido que se censure ya sea por el acoso o por lo que implica plantarse como mujer en la sociedad machista- que lentamente también sale del closet), y que siempre había estado allí cobrando fuerzas.
Judith Butler dice que en la cultura occidental, lo femenino se ha creado a través de lo jurídico, como la negación de lo masculino. Y allí, todo lo que es distinto a lo masculino, es lo femenino. Entonces, partiendo de eso, lo femenino tiene un amplio espectro de definición. Pero si no existiera lo jurídico, que representa a los seres humanos y les da derechos y deberes y representación ¿qué somos entonces?
Luego de mis periplos de la vida en pareja, he tratado también de responderme mis preguntas en ese espacio. Allí he aprendido que también tengo que saber qué quiero de mi vida, de la vida, para terminar traicionándome solo para para no estar sola. Y así en la escritura, también aprendo que no me tengo que traicionar, y una nueva voz ha surgido este año con el ejercicio de escribir, con el ejercicio de mirar y estar atenta y darle espacio a esa voz que aparece desde la sombra. Porque lo femenino aparece desde la sombra, como si fuera su naturaleza.
La admiración que me provoca Claudia Rodríguez, por ejemplo, una activista travesti, como ella misma se define, por su activismo en las letras, que tienen una profunda pulsión de erotismo oscuro. Un feminismo enrabiado, resentido y peleador. Cosas que una ha tratado de tapar, porque es incómodo habitar en lo femenino desde los dolores. Ella ha construido lo femenino desde el permitirse ser en el cuerpo, permitirse ser en la rabia, y desde ahí habitar (y gritar).
Entonces el experimento de darle espacio al género, que implica de por sí adoptar una postura política, ha hecho que el texto se amplie y hable con nuevas voces, dolorosas, claras y también risueñas. No hay una definición más que la que una puede darle. No hay una fórmula ni una forma.
La semana pasada soñé que bailabla flamenco y que en ese mismo sueño le enseñaba a alguien. Ese estado de tomar y plantarse como mujer fue tan potente, que me levanté con la fija idea de ir a bailar (cosa que he estado haciendo ya por dos semanas). Y allí, frente al espejo, me veo y uso la vanidad para bailar de la mejor manera que pueda (Vanidad que me enseñaron no era buena).
Anoche soñé que mi mamá venía a despertarme "Levántate, levántate, es la una". Y en el sueño, me levantaba y veía mi casa. Había en ella varias cosas que necesitaban de mi decisión para cambiar.
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jueves, 29 de diciembre de 2016
jueves, 15 de diciembre de 2016
"EL FENÓMENO DE LA POESÍA" por E Eme Cárdenas
He vuelto a leer la entrevista que el poeta
Silva Acevedo dio a un diario el 27 de Agosto de este año, luego de ganar el Premio Nacional de
Literatura. No sé nada de él, nunca leí Lobos y Ovejas, ni tampoco sé sobre su influencia en la poesía. Cuando le preguntan por su poesía, afirma que es introspectiva. Lo que he leído y oído es que el poeta está escribiendo poesía desde un lugar en la academia. Y en esa misma entrevista, afirma
que lo que ha enseñado Nicanor Parra
es peligroso. Nicanor Parra, un ser juguetón que no le ha pedido permiso a nadie; que alguna vez le pidió permiso a Neruda y quien no lo entendió en su momento, lo que hizo que Nicanor
Parra se mandara a cambiar y tomara el camino de Recordarse a sí mismo en todo momento. Cosa que Silva
Acevedo dice haber aprendido del cuarto camino de Gurdjieff.
Por mi lado, no creo saberlo todo, pero en mi
experiencia, la poesía se ha venido a
vivir conmigo, a mi cama, a mi casa, camina conmigo, como podría ser la presencia de la muerte en los
texto de Castaneda y Don Juan. Asimismo, si desapareciera de mí y mi vida, yo podría pensar que es la muerte, la nada,
descrita en la Historia sin fin de Ende.
“La poesía está un escalón más arriba de la vida corriente.”, dice Silva Acevedo en su entrevista. Y
me pregunto a qué se refiere. Y por
momentos pienso como si fuera algo religioso, dedicado a los que están encerrados en el monasterio, fuera de
la vida diaria. Monacal, digamos. Podría decir, que quizás sospecho lo que quiere decir, pero es una frase capciosa
publicada en un diario de tercera. La primera vez que lo leí me pareció pretencioso, como si solo supieran de poesía en el espacio cómodo de la academia literaria. La segunda
vez que lo leí, me quedó la duda, y me puse a pensar en lo que
sucedió la semana pasada,
el martes 13 de Diciembre de 2016. Ese día presentamos luego de un año de trabajo, el libro “La Ciudad” del fallecido
Gonzalo Millán (1947-2006).
Millán vivió en La Chimba, y
luego estudió en el Victorino
Lastarria. Hizo sus estudios en Concepción, y luego vuelve a Santiago para seguir artes de la comunicación en la UC. Fue en ese momento en que
viene el golpe de estado de Augusto Pinochet. Millán tuvo que salir del país. Se radicó en Canadá dónde hizo un Master en Literatura Hispanoamericana, y donde también formó una editorial que publicó varios años a poetas que
estuvieron en el exilio. Millán volvió a chile a mediado de los 90.
Bolaño dijo "la poesía de Millán, una de las más consistentes y lúcidas ya no sólo en el panorama chileno, sino latinoamericano, se erige durante
algunos años como la única poesía civil frente al alud de poesía sacerdotal”.
En la presentación de su libro La Ciudad, nos acompañó la poeta María Inés Zaldivar, quien fue pareja de Millán hasta su muerte. Ella tuvo el gesto de
hacer un tributo, tras cumplirse diez años desde que falleciera en 2006. Algo inédito, y algo que me sorprendió de tal manera.
Cuando te vas al exilio -dijo- no te queda
otra que estudiar o trabajar de aseador. Lo primero que hizo Millán fue estudiar e hizo un Master. Pero por
mientras hacía todo eso, no podía dejar de pensar en Chile, y trataba de
procesar el golpe y las consecuencias de ello en su vida. Hacía clases de español para los gringos, y mientras juntaba
recortes de los titulares de los diarios en Chile; cosas que iban apareciendo,
como por ejemplo un cuerpo de una mujer encontrado en la playa en Los Molles.
Los titulares de los diarios decían que era un asesinato pasional. Pero se trataba de Marta Ugarte,
quien había sido secuestrada
por agentes de la DINA, y que había muerto como consecuencia de las torturas a las que fue sometida.
Casi cuatro años estuvo Millán pensando en que
tenía que escribir,
hasta que un día, se da cuenta que
para poder escribir tenía que salir de
donde estaba. Entonces Millán abandona su
trabajo en la universidad y consigue un trabajo de aseador nocturno de
oficinas, para dedicarse en el día a escribir por fin esto que tenía atorado.
Si una lee La Ciudad, puede notar cómo se realiza un ejercicio para mantener
la memoria. Su forma, sus frases cortas, replican el método de enseñanza de español a los no
nativos. Sujeto predicado. Es una enumeración de lugares comunes. La misma ciudad que una ha recorrido para
llegar a un trabajo, que podría ser igual de
aburrido que el de Millán antes de hacer el
aseo.
Me recuerda a todas esas cosas que han hecho
mis amigos, como por ejemplo, renunciar a hacer clases en escuelas privadas,
para vender pescado, y luego lanzarse con el proyecto editorial que siempre
imaginaron. Un proyecto de vida, más bien. Recordarse a sí mismos en todo momento.
Silva Acevedo tiene razón que quizás escribir de lo contingente sin situarse, sin hacer un ejercicio
de autoreflexión, puede hacer que
la poesía sea efímera. Pero así como hay poetas y poetas y poesía y poesía, también hay personas y personas. La poesía debiera tener la definición que cada ser pensante y que siente,
puede definir. Nadie debiera decir que algo está a otra altura, como si fuera un modelo, un ideal, que pusiera
distancia entre el creador y lo que sucede.
Porque al final de cuentas, es lo que nos
sucede. Un fenómeno. Y como bien
dice John Johnson Bacanalés, hay que buscar
una disciplina para escribir. Ejercitar para que ese fenómeno sea más claro y vasto y puro.
jueves, 1 de diciembre de 2016
"De miedo" por Elizabeth Cárdenas
Eso de subirse a un avión confiando en que toda una cadena de control
nos asegura que el avión no se cae. Subirse a un avión confiando ciegamente.
Creer que la "seguridad está asegurada", cuando literalmente y
figurativamente, estamos jugando una carrera para llegar a la final, y morir en
el intento. La caída del avión que llevaba al equipo Chapecoense, un equipo con
historia desde mediados de los 70, con hinchas como cualquier otro equipo
chileno, con cuerpo técnico, delanteros, porteros, defensas, como todo equipo
que emerge de las divisiones, que pasa por apuros económicos, que gana que
pierde, que mejora, como cualquiera de cualquier parte del mundo, que luego
desaparece casi completo en la caida de la aeronave. Morir en el intento, es
para mí un símbolo del héroe.
Coleccionaremos miles de detalles que juntos causaron la tragedia. La
falta de combustible, la falla eléctrica. Escucharemos mil veces la caja negra
del avión, y nos dará escalofrío pensar que estamos presenciando/oyendo una
escena real de muerte. No es una película. Creer que la seguridad te la asegura
el barrio dónde ningún delincuente apodado El Tila se te va aparecer. Creer que
la seguridad te la da el estado, el último modelo de automóvil. Es falta de
sentido común; como creer que para ir al mar o la montaña solo necesitas ir con
celular, porque te sientes seguro. Es mentira. Nada está asegurado: ni el
trabajo, ni la vida.
He tenido miedo toda mi vida, o al menos desde que recuerdo. En momentos
de peligro mi yo mujer se retira, para dejar a cargo a la policía interior. A
la heroína interior. Esa que cree que va a obtener justicia por retirarse y
hacer lo correcto / decir lo correcto. Y con esto no estoy pensando en
reemplazar la seguridad por el miedo. Estoy pensando en saber a qué le tengo miedo
y por qué.
El miedo a la muerte es el primer miedo que tenemos. El miedo a perder a
la madre. El miedo a perder. El miedo. El Don Juan de Carlos Castaneda habla de
una visión de la muerte como la compañera del camino. Esa que está contigo todo
el rato, pero cuando menos lo esperas te va a tocar el hombro. Allí ya estarás
muerto. George Bataille dice que la visión de la muerte, el colapso del cuerpo,
y perder la ingenuidad ante ese colapso, nos hizo comenzar a enterrar a
nuestros muertos. Algo que quizás es muestra de civilización (?) Pero si
nuestra educación fuera en conciencia a nuestra fragilidad (más que miedo) y
conciencia en la muerte (más que miedo) quizás no andaríamos teniendo miedo a
los inmigrantes, miedo a los pobres, miedo a los ricos, miedo aquí, miedo allá.
Quizás el miedo es el nombre que le damos a algo que no queremos entender. Un
fantasma de algo que vino de la niñez, o algo que de grandes queremos ignorar. Miedo.
jueves, 24 de noviembre de 2016
LA CIUDAD INVISIBLE por Elizabeth Cárdenas
Mis primeras vinculaciones conscientes con (en) la ciudad, se inician por la lectura de dos grandes poetas: Elvira Hernández y el fallecido Gonzalo Millán. Los poemarios que ellos escribieron: La Ciudad, Gonzalo Millán en 1979; Santiago Waria (ciudad en mapuzungun), Elvira Hernández en 1992; ambos serán próximamente publicados por la editorial La Joyita Cartonera. El texto de La Ciudad fue revisado por Gonzalo Millán antes de su muerte en 2006; y Santiago Waria (poema "S" del poemario del mismo nombre) de Hernández, es publicado junto a un poema inédito "Santiago Rabia”. Implícita o explícitamente, los dos textos se relacionan con la ciudad de Santiago de Chile.
El motivo principal -como editora- para publicar estos textos y autores, es un ejercicio de Memoria intangible, de recordar, reconocer las miradas heterogéneas a la memoria historiográfica, la mirada de los individuos a través de los sujetos poéticos. Ya sea desde el exilio en dictadura, o en la dictadura del sistema económico. La ciudad y su espacio público, son modificados por terribles sucesos históricos o por “la modernidad”. Hay una reflexión sobre su cambio, su caída, distinta a la historia exitista oficial, la de las monumentos, las de calles con nombres de héroes, los aeropuertos y centros comerciales.
La ciudad poetizada por Millán, tiene mucho de Las ciudades invisibles de Italo Calvino. El poeta describe una ciudad que se recorre se vive desde los recuerdos. Ciudad que fue habitada en un contexto social del gobierno de la UP, que se transforma y cae con el golpe de estado de Augusto Pinochet. Elvira Hernández por su lado, describe una ciudad en cual el sujeto poético es impactado por la nueva ciudad con sus autopistas neoliberales, donde todo camino conduce al mall, y si no se está en el mall, hay que hacer como que se está en el mall. La Ciudad de Hernández es una ciudad sucia, desordenada y mestiza.
De acuerdo al texto de Harvey (Ciudades rebeldes, del derecho de la ciudad a la revolución urbana), es a través de la poesía, que los sujetos poéticos describen reconocen una misma ciudad sitiada atemporal, una ciudad en transición, y luego la ciudad del nuevo modelo económico. La ciudad de Santiago ha sido transformada en su arquitectura. La burbuja inmobiliaria hace imposible habitar en ciertas comunas de Santiago (si no se tiene el poder económico suficiente). Ello fuerza a la clase trabajadora a buscar vivienda en las afueras de la ciudad (en el margen de ella) o en zonas despojadas de crecimiento (aunque latente en ellas), que luego serán compradas por inmobiliarias. Dichos barrios serán reemplazados por más edificios, como ahora sucede en algunos puntos. En la ciudad (en Santiago) se puede reconocer la burbuja inmobiliaria y el crecimiento indiscriminado, que va reemplazando los terrenos cultivables por edificios o viviendas, o donde el retail en esta demostración de crecimiento vía gigantes edificios se impone de manera descontrolada. Así se erige el edificio Costanera Center como un monumento, un menhir, un símbolo de la acumulación económica que se proyecta sobre el resto de la ciudad sin igual. Ese es el nuevo monumento de la ciudad, que ahora se ve proyectado como símbolo de la ciudad misma, sin que se haya establecido de parte de la opinión pública, sino de parte del sector privado.
El movimiento editorial cartonero, que surgió luego de la crisis del corralito en Argentina (2003) se ha expandido en Latinoamérica como una contracultura a las “industrias” del libro, como respuesta a una crisis donde el que no tiene dinero, no accede fácilmente a la obra ni al conocimiento.
Si me pongo a pensar en por qué he escogido empeñarme en lograr este tipo de publicaciones, principalmente ha sido como una reacción a la desaparición de los barrios, y la pérdida de la memoria que me afecta tras este cambio propio de la gentrificación de la ciudad. “Qué había aquí antes”, me digo a veces, y es también lo que ocurre en la historia colectiva: “qué había aquí antes”, antes de este comportamiento de las masas, antes de cualquier violencia. ¿Qué era lo que ocupaba antes la ciudad? No quisiera retroceder a épocas anteriores, más bien apelo a esa pregunta de ¿qué valioso fue reemplazado por la basura, por el grito y el empujón? Quizás lo que había allí antes era la palabra respeto, ese espacio donde tú y yo, sumados, somos un ser tercero que lleva lo mejor y más crítico de nosotros. FIN
viernes, 18 de noviembre de 2016
"Pos Verdad" por E-Eme Cárdenas
«Todo ocurre en la mente y solo lo que allí sucede tiene una realidad.» O'Brien (1984, George Orwell)
Hace dos semanas, tuve la suerte de visitar Valparaíso (Va al paraíso). Allí asistí al lanzamiento de las publicaciones que mis amigos de Opalina Factoría, Opalina Editorial, realizaron por el taller literario del invierno. Hubo algunos minutos de pausa en los cuales se invitó a los asistentes a demostrar su conocimiento en libros, y se les preguntó cuáles eran los ministerios que existían en "1984" de George Orwell. Reinó el silencio.
Seguramente usted lector lectora está en conocimiento sobre una trilogía de distopías que está formada por Un mundo feliz (Brave new world, de Aldous Huxley), 1984 (Georges Orwell), y Fahrenheit 451 (Ray Bradbury). Distopía es una anti utopía, un mundo indeseable.
Me quedé pensando en "1984", y durante esta semana no deja de sorprenderme algo que apareció en las noticias, sobre un nuevo concepto. Concepto que cae de cajón dado nuestra realidado aquel , porción de realidad que percibo -mejor dicho- pero que como un acuerdo tácito asumiré que existe, que está ahí para usted lector lectora, y para mí. Se trata del concepto de POS VERDAD (Post-truth, post-factual politics) que de manera bien básica podría entenderse como la opinología.
Pos verdad se refiere a que el debate apela a las emociones, desconectado de los detalles, donde la verdad queda trasladada a un segundo plano, y el debate en sí mismo, es limitado a una lista de ideas que son una y otra vez mencionadas, sin entrar nunca en mayor detalle. Lista que se usa y reusa durante una discusión. La academia de Oxford indica que la pos verdad aparece en política desde los años 90, y ahora, después de las elecciones de EEUU y el triunfo de un violento Donald Trump (digo violento agresivo y abiertamente racista y clasista), la pos verdad cobra sentido. Ese discurso emocional, que conquistó el corazón de los votantes "desplazados" de dicho país, se transformará en una verdad después de la verdad, como el amor después del amor. Trump ha empezado a ordenar su discurso, cambia la versión sobre el muro que prometió construir en la frontera sur del país. Las bolsas que estaban temblorosas, retoman la subida en una economía norteamericana que está dejando atrás la recesión.
Y acá en Chile, que "se cae a pedazos" (según sus dueños), donde la venta de autos de lujo se ha duplicado este semestre, el ministerio de la verdad está en paro. La pos verdad, la opinología 2.0, se reabre y despliega en la carrera presidencial 2017, en la discusión de los políticos mandándose mensajes por las redes sociales.
Candidatos a presidentes de la república -cercanos a los personajes de las novelas de Huxley, Orwell o Bradbury-, que son estafadores o se encargaron de privatizar la luz y el agua -y sospecho que además- recortando en la gestión una gran cantidad de ingresos. Durante la campaña presidencial de la pos verdad chilena, los políticos chilenos llorarán por la tv y se destaparán casos y cosas que nos sorprenderán aún más, que nos dolerá la boca de tan abierta que la tendremos. Los candidatos neófitos e idealistas, quedarán un poco lesionados en el proceso tal vez.
Mientras nosotros, que vivimos u observamos la distopía chilena, la distopía feliz del edén, seguiremos el show por la tv. Seguiremos las peleas de los diarios que nos dicen la pos verdad, que nos dicen cuál es el amor después del amor. fin
jueves, 10 de noviembre de 2016
"Hay paro" por E-Eme Cárdenas
Amanece.
Se abre el poema.
(La Ciudad, Gonzalo Millán)
Se abre el poema.
(La Ciudad, Gonzalo Millán)
Hay un paro.
La basura se acumula.
Abres la boca y huele
a peligro.
Igual te beso porque
es venganza.
Le tengo miedo a tu
lado oscuro.
La basura se acumula.
En mi cama.
Los restos de amantes
y traiciones.
Es un vertedero.
No pasa la basura.
Está en paro.
El guatón flojo no
atiende.
Se lima las uñas.
El que viene, viene.
No hay Licencia.
No haces nada.
Y el jefe te quiere
ahí.
Ahí.
Calentando el asiento.
Hay paro.
No late la cosa.
El reajuste da risa.
Da risa la negativa.
Hay gente atorada
afuera.
Ellos no ríen.
Los carnés están
vencidos.
La identidad vencida.
La memoria también.
Se venció el pan.
Se venció la fruta.
Se venció la moral de
algunos.
Venció el cheque.
La billetera.
El billete no vale lo
que antes.
La gente no vale.
La valentía no vale.
Solo el tiempo.
El tiempo es oro.
Esto huele mal.
Huele a peligro.
Se vence mi paciencia
dentro de poco.
Hay paro.
Los muertos hacen
turnos éticos.
En los cementerios.
La basura no pasa.
La calle huele mal.
Huelen mal los business.
Venció tu candidato.
Los presidenciables
están por vencer.
Un día más y son zombies.
Lucen pálidos.
Lucen ojerosos.
Dan ganas de huir.
Camino casual.
Deliberadamente.
No hay plan.
Se derrumba algo.
Tiembla la ciudad.
Reconozco sus grietas.
Algunos lugares
vencieron.
Las estatuas vencieron
hace rato.
Y ahí están como
tunas.
Todavía.
Hay paro.
Marchamos lento.
Tránsito lento en La
Ciudad.
Le ponen color los
peruanos.
Le ponen color los
colombianos.
Los haitianos también.
Ciudad viva,
movimiento.
Marchamos.
Nos marchamos a veces.
Quiero marcharme.
Pienso en otras
ciudades.
El aire está viciado.
Basta subir al cerro.
Basta de llenar el
vacío.
Basta de violencia.
Rehago la basta del
vestido.
Me subo la falda.
Doy saltos en la
basura imaginaria.
La calle huele.
Huele a peligro la
calle.
El parque huele.
Pasto cortado.
Plátanos orientales.
Tu olor lo llevo
conmigo.
¿Dónde se fueron los
rugidos nocturnos?
Hay paro.
Vencido está el plazo.
Vencieron los
políticos en sus asientos.
Reclamo.
Golpeo la mesa.
Digito los números.
Alguien responde.
Me ofrecen grabarlo
todo.
Me niego.
Levanto la voz.
Pido hablar con el
encargado.
No hay encargados.
Hay un paro.
El call center tiene reglas.
Yo no aplico a la
regla.
Ando con la regla.
Nadie me escucha.
Repiten su speech.
Les cuelgo el
teléfono.
Tiro la toalla.
Tiro migajas al suelo.
No hay palomas.
Están comiendo unas
migajas las gaviotas.
Más allá la vieja pide
billetes.
Las monedas no sirven.
Las monedas lavan la
ropa.
Descontinuaron el
peso.
El peso del peso no
vale.
El billete de
quinientos pasó de moda.
Todo está a luca o a
mil.
A luca y a mil.
Los espacios públicos
valen más que los ciudadanos.
A nadie le importa lo
minimalista.
Sacaron las bancas
para poner un maniquí.
La nueva estatua de
chile.
Chile con ché.
Hay paro.
Paro yo en un
semáforo.
Veo pasar la gente
como si nadie.
Como si nada.
Soy una familia
unipersonal.
Todavía no vence la
parada.
No vence mi plazo.
A pesar que lo debaten
en el congreso.
Hablan de mi cuerpo.
Como si el cuerpo fuera
su territorio.
Mi cuerpo es mi
territorio.
Y el de la farmacia me
niega la pastilla.
Se cree mi dueño.
Se cree mi patria.
Y aquí la única
bandera al viento soy yo.
Se cree mi conciencia.
Me trata de promiscua.
Me da su discurso
gratuito.
Me pide la orden
médica.
Le digo que no tengo.
Me manda a freír monos
al África.
Vuelva más tarde.
Con la orden.
El hombre se siente
poderoso.
Me echa y me sermonea.
Porque mi cuerpo no es
mío.
Sociedad de consumo.
Es un bien del
gobierno.
De los medios.
Mis derechos nacieron
vencidos.
Me pide el rut.
Me registra en su
sistema.
Me deja marcada.
Me pide mi nombre.
Mi dirección.
Mi puto silencio me
pide.
Hay paro.
Hay bocinas y gritos.
Hay amantes que
susurran.
Y yo me siento viva.
El odio y el amor son
lo mismo.
Yo no soy la misma.
Me tomé la pastilla.
Me da miedo mi sombra.
Mi huella de carbono.
Reciclo mi basura.
Reutilizo mi sangre.
Reutilizo el cartón.
Recircula, se limpia.
Pienso lo que digo.
Hay paro.
Se me pudrieron los
limones.
Venció el agua en la
copa.
Las plantas crecen.
Les hago cariño.
Todavía florece el
cardenal.
Santísima.
Iglesia.
Católica.
Dicen que triunfa
Trump.
Dicen que triunfa
Clinton.
Vencerán otros.
Vence la comida en los
estantes.
Los reponedores botan
lo vencido.
La gente no vota.
Anula con el cuerpo.
Abstención.
Hay un paro.
No abre la biblioteca.
La plaza italia está
abierta.
Siempre.
Pero está cercada.
Alguien venció a
alguien.
Y ahí están los
hinchas.
Vencieron los del
equipo azul.
Vencen los del equipo
negro.
Vence cualquiera a
estas alturas.
La paz no se hizo.
Venció otra cosa,
Colombia.
Se deshacen los
tratados.
Y los caminos al Mar.
Se deshacen las mesas.
Se rehacen las mesas.
Comienza la campaña.
Las momias se
levantan.
Se sacan las vendas.
Se estiran la cara.
Y gritan ¡Venceremos!
jueves, 3 de noviembre de 2016
"Crónicas de un agente" por Peli Cárdenas
Esta no es una historia sobre la dictadura. Es una historia paralela a
la dictadura: un universo que existía en los 80, en el que sucedían las cosas a
la gente común -dígase cosas tales como vivir de forma directa o cercana los
abusos, la violencia, o vivir una realidad dónde parte de los recuerdos son los
toques de queda o los cacerolazos, o la solidaridad de las ollas comunes. La
olla común me hace pensar en un niño llamado Roberto Volta, un flaquito que
resistía huesudo sus días gracias a la olla común. Era tonto el asunto, pero a
mí me daba vergüenza eso de la olla común, porque éramos pobres pero no tanto
como para necesitarla, pero ese simple hecho de participar en ella podía ser
motivo de bullying en el colegio
-católico subvencionado- al que yo asistía, había bullying aún cuando esa palabra no existía todavía en nuestro
vocabulario chileno. Era normal que proviniera de profesores, compañeros de
clase, el director de la escuela…. En los 80 la violencia era algo
“normalizado” y deduzco que también lo era en las casas de mis compañeres de
curso. Era normal la existencia de estos pequeños grupitos de matones que
hacían de las suyas en el colegio sin que nadie ni nada se pusiera en su camino
o les diera un escarmiento. Eran para mí pequeños agentes de la dictadura,
provocando miedo, instaurando un régimen autoritario dentro de un régimen
autoritario dentro de un régimen autoritario…
Pero me estoy desviando. Alguna vez escribí otra historia sobre cómo
conocí a la Stella Díaz Varín, a causa principalmente de mi Papá, quien
trabajaba en el prestigioso Hotel Carrera, que pasó a ser en 2004 del
Ministerio Relaciones Exteriores. Dice mi papá que la Soledad Alvear era su
favorita en esa época del Gobierno de Lagos, que ella iba a tomar desayuno al
hotel todos los días, pero luego que se enteró que iban a cerrar el hotel
porque su ministerio –el de la Soledad- lo había adquirido (Ministerio de
Relaciones Exteriores), había dejado de saludarla para siempre.
Varias cosas habían pasado en ese hotel que quedaba a pasos del Palacio
de La Moneda. Desde su azotea se pudo observar el bombardeo al Palacio de la
Moneda el 11 de septiembre de 1973. Y muchos de las informaciones que se
registraron en ese día, había sido realizadas desde ese lugar. Restos de
metralla se podían observar en los muros laterales del edificio, así como se
ven en un costado del museo de Bellas Artes, que han sido preservados a
propósito, como parte de La Memoria.
El Hotel Carrera recibió gentes de todos los rincones del planeta, y era
el centro de operaciones de la prensa cuando se desarrollaba alguna crisis en
el país. Jefes de Estado, presidentes, actores, cantantes, compositores,
astronautas, poetas, espías, empresarios, hombres de negocios, mafiosos,
autores de grandes obras, firmantes de pactos internacionales secretos ocuparon
alguna de sus dependencias desde 1940. Declarado patrimonio histórico de la
ciudad, el Carrera guardaba secretos, romances clandestinos, adulterios de
portada de revista, borracheras, tertulias; hasta la Reina Isabel II estuvo
allí, Gary Grant, Libertad Lamarque, John Wayne, Plácido Domingo, Julio
Iglesias, Lola Flores, Joan Manuel Serrat, Ray Charles, Ceci Bolocco después de
ganar el cetro de Miss Universo… y Juan Pablo II, para quien el hotel convirtió
una habitación en una capilla.
Y me voy a quedar con El Papa para esta historia. Antes de que visitara
Chile en 1987, El Papa fue mediador entre Chile y Argentina en un conflicto que
estuvo a punto de causar un conflicto armado entre nuestros países. Fue por
este conflicto y por trabajar en el Hotel Carrera en dicha época, que mi papá
conoció a Santiago Benavada, abogado y diplomático chileno fallecido en 2004.
Santiago Benavada quien había renunciado al Ministerio de Relaciones exteriores
en 1977, tuvo que volver en 1978 cuando
Argentina se negó a reconocer el llamado
Laudeo Arbitral de 1977. Benavada formó entonces parte del equipo que comenzó las
negociaciones entre Chile y Argentina, por el llamado Conflicto del Beagle.
Entre 1979 y 1984, Benavada participó en la delegación en Roma para la
mediación papal.
La cosa estuvo caliente: se movilizaron tropas, se enviaron conscriptos
a la zona del conflicto, hasta se hicieron películas al respecto sobre soldados
jugando futbol en La Patagonia, abandonados a su suerte (“Mi mejor enemigo” de
Alex Bowen). Yo en esos años no sabía ni entendía nada porque era chica, pero
algo recuerdo de las noticias.
Algo aconteció: un evento
importante, y quizás por eso recuerdo esas
noticias, porque mi papá conoció a Benavada y Benavada envío a mi papá a
Argentina, en un viaje relámpago, con valija diplomática, para ir y volver en
veinticuatro horas.
Hace un par de meses me acordé de este evento. Mi papá en el universo
paralelo que vivimos en La Dictadura resultó ser un agente de mediación en
dicho conflicto. Y no es que yo me crea la muerte por ello, pero mi papá sí
considera que fue un momento importante, terrorífico, emocionante, de mucho
nerviosismo. Y es que las instrucciones que le dieron era de terror: que
estuviera muy vigilante y atento a todo, que no hablara con nadie, que tenía
casi que dudar de todo y todos, no dejar que nadie se acercara, no comentar
nada en ningún momento, ni en el avión, ni en el aeropuerto, etc. En definitiva
era un trabajo fugaz pero peligroso, en plena dictadura.
Como decía, Santiago Benavada envío a mi papá a la Argentina con una
valija diplomática que seguramente llevó encadenada a su muñeca. Ese viaje fue
su primera vez en un avión, y su primer viaje a la Buenos Aires.
Seguramente mi papá realizó este trabajo a cambio de ningún pago. Y me
impresiona esto de que a Benavada confiara en él para ese trabajo. Mi papá no
se metía en política, se guardaba su opinión, y es que él decía que cuando se
iba al trabajo por las mañanas muy temprano, a veces podía ver los cuerpos tirados
en La Panamericana Norte (ruta 5).
No tengo más detalles sobre el viaje y la estadía en Argentina. Sólo sé
que era un asunto confidencial. Mi papá era como nuestro héroe anónimo y cuando
regresó a casa luego de esta aventura, era otra persona. Cómo que algo le había
cambiado este viaje.
Traía consigo muchos “recuerdos papales” que duraron por años en nuestra
casa de Quilicura; pequeñas insignias doradas, banderitas blancas y amarillas,
entre otras cosas. Y entre tanto souvenir, había algo que Mi Papi ha
considerado por años como objeto valioso: se trataba de una moneda. Una moneda
grande, de plata que tenía acuñado el rostro de Juan
Pablo II. Mi papá la mantiene en su cajita de recuerdos importantes, seguramente
bajo el recuerdo de Negociador de la Paz.
Finalmente Chile y Argentina firmaron un tratado de paz y amistad en
1984. Juan Pablo II, recién vino en 1987, a aquietar un poco la convulsionada
vida de los chilenos –según dicen-. Vino un año antes del plebiscito de 1988,
cuando se votó la salida de Pinochet.
Mi papá también trabajaba en El Carrera en esos años cuando vino El Papa
y seguía allí también en 1990, cuando apareció en una habitación el cuerpo del
periodista Jonathan Moyle, quien cubría la FIDAE. El inglés fue encontrado
muerto en el closet de su habitación y los órganos vitales habían sido
removidos de su cuerpo. Por eso la investigación no pudo determinar que había
sido homicidio y el caso fue cerrado. Se dice que Moyle estaba a punto de
revelar un acuerdo de armas entre Iraq y un traficante de armas de Chile
(Cardoen), pero esa es otra historia. FIN
jueves, 27 de octubre de 2016
"Politikitsch" por E-Eme Cárdenas
"Kitsch es, a diferencia de arte, un objeto utilitario que carece de toda distancia crítica entre objeto y observador; que 'ofrece gratificación emocional instantánea y sin esfuerzo intelectual, sin el requisito de la distancia, sin la sublimación'" Walter Benjamin
Según el servicio electoral, las elecciones municipales realizadas en Chile el 23 de Octubre pasado, se desarrollaron con un 65% de abstención de los votantes. En Chile el voto es voluntario.
Críticas y risas por doquier, porque en Conchalí René de la Vega, quien se hiciera conocido a mediados de los años 2000 por ser un cantante con un estilo bastante especial -vintage quizás-; memes y críticas porque la antigua modelo de tv Cathy Barriga, es alcalde electa en Maipú. No puedo dejar de mencionar a Evelyn Matthei, quien es los ochenta aparecía como la hija pianista del General de la FACH Fernando Matthei, durante la dictadura de Augusto Pinochet; convirtiéndose en una personaje luego que en la transición aparecieran los partidos políticos. Matthei, a participar en política, hasta volverse también en una personaje desmesurada. ¿Por qué la política en Chile no puede ser kitsch?
Desde mi punto de vista como mujer viendo a estas mujeres, puedo decir sin duda que Matthei y Barriga, parecen representar modelos de mujeres en extremos opuestos, anticuados, convencionales, clichés, e incluso parecieran ser caricaturas, pero fuera de esos distractores -por decirlo de alguna manera- ellas pertenecen a la derecha chilena. Esa derecha conservadora.
Los medios y las redes sociales se saturaron de bromas, después de sus triunfos, bromas un poco tontas sobre como Barriga convertiría los barrios en barrios pintados de rosado, debido a su pasado de modelo de tv; no se salvaba ni siquiera el Templo votivo de Maipú. Se habló incluso de talleres para enseñar a ser princesas a las niñas... No dejo de notar lo exacerbado y extremo de algunos memes, encasillando a la mujer en ciertos roles, haciendo parecer que ni Matthei ni Barriga podrían ser capaces de hacer un trabajo como Alcaldes. Y sí, ellas representan un color político al que no adhiero, pero igualmente sospecho que se movió como nunca una maquinaria de desacreditación de lo femenino.
Sabemos que tienen un pasado, sabemos que tienen un cartel o una imagen difícil de arrancar, como lo es en la internet la información que afecta a personas por años, información que es desinformación pero que nadie elimina y que se está discutiendo qué hacer respecto a eso en foros y acuerdos internacionales... Pero vuelvo a esa sensación mía: por qué no habría yo de sospechar de esto como una desacreditación de los nuevos rostros en política? Digo "nuevos rostros" porque a simple vista son profanos (Barriga y De la Vega). Salieron de la tele a la
campaña política, diría alguien. ¿Pero quienes quieren que yo piense que están fuera de lugar? ¿Por qué están fuera de lugar? Es acaso Evelyn Matthei, solo por pertenecer a una familia que trabaja en la política, un personaje con más legitimidad que De la Vega o Barriga? La respuesta es No rotundo.
No tengo que mencionar todos los sumarios, juicios, investigaciones abiertas a los "tradicionales" actores de la política chilena, quienes ni siquiera son lo que fueron sus antepasados de quien "heredaron" esos intereses. Esos antepasados llenos de moral y preocupación por Chile y su gente. ¿Qué pensarían estos antepasados de alcurnia si se enteraran para quienes trabajan sus descendientes hoy?
Decía yo que se moviliza esta desacreditación, se instaura el engaño de que los "aparecidos" no son legítimos solo porque provienen de la farándula. Pienso por un momento, si la política necesita renovarse en personajes, es una regla que los nuevos representantes de la nueva política emerjan de los lugares más inesperados. Habría que permitirle saber a la ciudadanía qué es lo nuevo que queremos permitiendo a su vez que estos nuevos representantes hagan o demuestren que hacen el trabajo como se espera.
Quizás la tele no es un lugar tan fácil como parece, quizás se han curtido una piel más dura para poder mantenerse en esta carrera política. Pienso en la carrera de la Luli Love -por ejemplo- de quien hablo en Alicia en llamas (2015, por La Joyita Cartonera). Luli se ha sacado la mugre, y así creo que lo hacen estos neo políticos kitsch. Kitsch y a mucha honra. Nada de andar negando el origen, el duro transcurso de la crisálida hasta mariposa. Dejaron la tv para hacer su puerta a puerta, y permitirse utilizar la fama para ganar un puesto político (que también es cierto trae los beneficios económicos).
Se arriesgaron a hacer un puerta a puerta y llevan años en eso. Mientras, la insatisfacción de los chilenos por los políticos, los hace salir a la calle para marchar con "Ni una menos" o "No más AFP". Al menos puedo decir que estos personajes kitsch oyeron algo que la "tradición política" no oye. Dos años de campañas casi para que recién se pronuncien la Presidente Bachelet, o para que Lagos -quien dijo que no entraría en política pero que finalmente volvió- para decir que había que escuchar la voz del pueblo, después de este abrumador porcentaje de abstención. Aún cuando las señales eran dadas anticipadamente, según las últimas encuestas en que se muestran escandalosos niveles de desaprobación ¿Cómo no escuchas?
¿Acaso piensan que salir a la calle, hacerse dueños de la calle es un poder que Chile ha perdido? Y claro, lo hemos perdido por el efecto de una dictadura, pero lentamente, mientras Chile recupera su voz, la calle vuelve a ser nuestra, y desde el espacio público de la calle reaparecen los fenómenos sociales que nos hacen más consciente de nuestros dramas: la violencia instaurada y normalizada, la centralización, la corrupción. Dejen que vengan los kitsch a mostrarnos qué cosas necesitamos y que no, en un Chile que se enfrenta a los dinamismos de género, al desarrollo de nuevos intereses, a la gesta de organismos no gubernamentales que están llenando los espacios que ahora se encuentran desiertos. FIN
Según el servicio electoral, las elecciones municipales realizadas en Chile el 23 de Octubre pasado, se desarrollaron con un 65% de abstención de los votantes. En Chile el voto es voluntario.
Críticas y risas por doquier, porque en Conchalí René de la Vega, quien se hiciera conocido a mediados de los años 2000 por ser un cantante con un estilo bastante especial -vintage quizás-; memes y críticas porque la antigua modelo de tv Cathy Barriga, es alcalde electa en Maipú. No puedo dejar de mencionar a Evelyn Matthei, quien es los ochenta aparecía como la hija pianista del General de la FACH Fernando Matthei, durante la dictadura de Augusto Pinochet; convirtiéndose en una personaje luego que en la transición aparecieran los partidos políticos. Matthei, a participar en política, hasta volverse también en una personaje desmesurada. ¿Por qué la política en Chile no puede ser kitsch?
Desde mi punto de vista como mujer viendo a estas mujeres, puedo decir sin duda que Matthei y Barriga, parecen representar modelos de mujeres en extremos opuestos, anticuados, convencionales, clichés, e incluso parecieran ser caricaturas, pero fuera de esos distractores -por decirlo de alguna manera- ellas pertenecen a la derecha chilena. Esa derecha conservadora.
Los medios y las redes sociales se saturaron de bromas, después de sus triunfos, bromas un poco tontas sobre como Barriga convertiría los barrios en barrios pintados de rosado, debido a su pasado de modelo de tv; no se salvaba ni siquiera el Templo votivo de Maipú. Se habló incluso de talleres para enseñar a ser princesas a las niñas... No dejo de notar lo exacerbado y extremo de algunos memes, encasillando a la mujer en ciertos roles, haciendo parecer que ni Matthei ni Barriga podrían ser capaces de hacer un trabajo como Alcaldes. Y sí, ellas representan un color político al que no adhiero, pero igualmente sospecho que se movió como nunca una maquinaria de desacreditación de lo femenino.
Sabemos que tienen un pasado, sabemos que tienen un cartel o una imagen difícil de arrancar, como lo es en la internet la información que afecta a personas por años, información que es desinformación pero que nadie elimina y que se está discutiendo qué hacer respecto a eso en foros y acuerdos internacionales... Pero vuelvo a esa sensación mía: por qué no habría yo de sospechar de esto como una desacreditación de los nuevos rostros en política? Digo "nuevos rostros" porque a simple vista son profanos (Barriga y De la Vega). Salieron de la tele a la
campaña política, diría alguien. ¿Pero quienes quieren que yo piense que están fuera de lugar? ¿Por qué están fuera de lugar? Es acaso Evelyn Matthei, solo por pertenecer a una familia que trabaja en la política, un personaje con más legitimidad que De la Vega o Barriga? La respuesta es No rotundo.
No tengo que mencionar todos los sumarios, juicios, investigaciones abiertas a los "tradicionales" actores de la política chilena, quienes ni siquiera son lo que fueron sus antepasados de quien "heredaron" esos intereses. Esos antepasados llenos de moral y preocupación por Chile y su gente. ¿Qué pensarían estos antepasados de alcurnia si se enteraran para quienes trabajan sus descendientes hoy?
Decía yo que se moviliza esta desacreditación, se instaura el engaño de que los "aparecidos" no son legítimos solo porque provienen de la farándula. Pienso por un momento, si la política necesita renovarse en personajes, es una regla que los nuevos representantes de la nueva política emerjan de los lugares más inesperados. Habría que permitirle saber a la ciudadanía qué es lo nuevo que queremos permitiendo a su vez que estos nuevos representantes hagan o demuestren que hacen el trabajo como se espera.
Quizás la tele no es un lugar tan fácil como parece, quizás se han curtido una piel más dura para poder mantenerse en esta carrera política. Pienso en la carrera de la Luli Love -por ejemplo- de quien hablo en Alicia en llamas (2015, por La Joyita Cartonera). Luli se ha sacado la mugre, y así creo que lo hacen estos neo políticos kitsch. Kitsch y a mucha honra. Nada de andar negando el origen, el duro transcurso de la crisálida hasta mariposa. Dejaron la tv para hacer su puerta a puerta, y permitirse utilizar la fama para ganar un puesto político (que también es cierto trae los beneficios económicos).
Se arriesgaron a hacer un puerta a puerta y llevan años en eso. Mientras, la insatisfacción de los chilenos por los políticos, los hace salir a la calle para marchar con "Ni una menos" o "No más AFP". Al menos puedo decir que estos personajes kitsch oyeron algo que la "tradición política" no oye. Dos años de campañas casi para que recién se pronuncien la Presidente Bachelet, o para que Lagos -quien dijo que no entraría en política pero que finalmente volvió- para decir que había que escuchar la voz del pueblo, después de este abrumador porcentaje de abstención. Aún cuando las señales eran dadas anticipadamente, según las últimas encuestas en que se muestran escandalosos niveles de desaprobación ¿Cómo no escuchas?
¿Acaso piensan que salir a la calle, hacerse dueños de la calle es un poder que Chile ha perdido? Y claro, lo hemos perdido por el efecto de una dictadura, pero lentamente, mientras Chile recupera su voz, la calle vuelve a ser nuestra, y desde el espacio público de la calle reaparecen los fenómenos sociales que nos hacen más consciente de nuestros dramas: la violencia instaurada y normalizada, la centralización, la corrupción. Dejen que vengan los kitsch a mostrarnos qué cosas necesitamos y que no, en un Chile que se enfrenta a los dinamismos de género, al desarrollo de nuevos intereses, a la gesta de organismos no gubernamentales que están llenando los espacios que ahora se encuentran desiertos. FIN
jueves, 20 de octubre de 2016
"Rompa el vidrio con el martillo" por Peli Cardenás
"Volviendo al tema del hombre de la cama en llamas,
¿Tenía algún problema?
¿Estaba loco?
¿Borracho tal vez?
No lo sabemos"
(Estaba en llamas cuando me acosté, Charly García)
Cuando era casada porque ahora no lo soy, caminaba cerro abajo por la calle Ferrari desde avenida Alemania.
Me dejaba llevar por el encanto de la bajada, el encanto de las casas viejas y de la caca en las veredas. Nunca aprendía bien – ni ahora- el nombre de las calles por donde descendía azarosamente al Plan. Solo recuerdo dos nombres: Alemania y Ferrari, nada más.
Debo reconocer que la casa de Neruda además de parecerme la casa de un ricachón atestada de bazarcitos comerciales, me intrigaba. Así como las estatuas de nuestros próceres poetas de la patria en la placita contigua a la casa. Estatuas donde la gente se sienta para sacarse fotitos de recuerdos con vista al mar o simplemente sacarse los mocos.
Pero eso no era lo que me importaba, esos eran más bien una distracción. Lo que realmente importaba eran otras cosas, como por ejemplo: donde compraba pan, esquinas secretas donde podía tomar café barato, lugares sucios donde comprar libros y ropa usada, o ventanitas dónde vendían galletas caseras. Hay en mí además un amor por unas callejuelas hediondas que llevan a ciertos ascensores ocultos de los turistas; pero por sobre todo ese encanto lo que realmente importa son ellas: un par de iglesias que encontraba al bajar por esas calles. Pero no porque fuera yo una devota de la misa de las 7, sino porque ellas significaban otros placeres… a la de Saint Paul por ejemplo, voy a escuchar a unos seres humanos excepcionales que tocan el armonio que ha resistido varios terremotos; y esa otra, la que realmente me obsesiona: ella tenía cuando la vi la primera vez una frase que hasta ahora arde en mi cabeza.
No sé cuál es su nombre, no sé cuál es su calle, no sé cuál es su credo. Lo cierto es que cada vez que pasé por allí, por su barrio, ella estaba cerrada. Si bajaras por dichas calles que sugerí en el comienzo seguramente la encontrarás fácilmente, es una antigüedad que tuvo que ser reconstruida porque -cosa común en el puerto- se había incendiado hace años. Si acaso es un hecho cierto lo del incendio, no podría decirlo yo, no gasté el tiempo en compilar datos, pero sí a simple vista puedo decir que es una construcción híbrida, -digo- de madera y concreto.
Aunque eso no era lo que me impresionaba, sino que en uno de sus muros se podía leer por largo tiempo la siguiente frase "La única iglesia que ilumina es la que arde en llamas". Así: tal cual. Escrita sin adornos con un estúpido y sensual spray negro sobre el concreto sucio, retocado por los continuos parches para borrar rayados más antiguos. Esa frase, ese rayado, esa sentencia se suspendió allí en la calle como un acto de fe de algún credo rebelde poderoso y pirómano.
Creo que fui poesída varias noches por ese anuncio maldición voz que se iluminaba como neón en mi recuerdo. Digo poesída porque esa obsesión poética me ponía en ese estado de ensoñación en el cual bajan les muses hacía mí. Estado catatónico debo reconocer, del cual busqué la distracción corriendo por el puerto, sentándome largas horas frente a la mar, comiendo mariscos en las cocinerías o los bares, mientras los otros menos obsesionados bailaban tangos.
Yo tenía que hacer algo, tenía que "caminar" -como decía mi abuelita sobre eso de seguir el camino de la fe-. Creo que mi abuelita perdería la poca cordura que le viene a veces en el día si tuviera noticias mías. Hice caso a ella sin embargo, seguí un camino y lo hice a mi manera: dejé de sufrir y pensar y masturbarme con una vida paralela de orden y solemnidad. Era un llamado inequívoco.
Algunos días me siento la salmona que va contracorriente a ese chorro de peces anónimos que bajan el río de la calle hacia el trabajo. Otros, quiero dejar de parecer una más, sólo para que mis amigos bomberos sepan que esas historias que intercambian cada semana tienen un factor en común. En momentos de mayor placer solo quiero correr desnuda por los cerros y que alguien me grabe desde la loma opuesta, para verme correr como loca en las alturas después de provocar un incendio. A veces, y solo a veces, tan sólo quiero arder.
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