miércoles, 9 de noviembre de 2016

"Fulgor y muerte de una posible estrella" por Sergio Bravo Loyola

Fulgor y muerte de una posible estrella  


Era chico, estaba en la básica todavía. Creo que tenía como diez años. Por eso fue sorpresa cuando el Beto, un amigo y compañero de trabajo de mi mamá, me invitó a jugar a la infantil del Deportivo Cumming.

        Era el club del barrio, era aquel equipo donde muchos niños se habían conocido y se habían hecho amigos o porque jugaban juntos o, simplemente, porque sus papás jugaban en el primer equipo. Era un barrio entero, era una familia.

        Fui con el César, un amigo que no era del pasaje pero su abuela vivía ahí y era con el que chutéabamos de arco a arco. En el partido había de todo, parrillas, mucha gente, familias, etcétera. Pero el equipo no tenía arquero y yo ni zapatos de fútbol tenía. Tuve que llevar las zapatillas blancas de educación física.

        Me preguntaron de qué jugaba. “Delantero” dije, me pasaron la 9. Mentí asquerosamente, nunca fui delantero, primera vez que jugaba en cancha grande y en el colegio me destacaba más por ser lauchero centro con nula proyección por las bandas.

        Era el 9 del primer equipo azulgrana que conocí, después me enteré que había un San Lorenzo de Almagro, un FC Barcelona y hasta un Deportes Iberia en Los Ángeles.

        El partido fue para olvidar. Pero no puedo. Me pillaron unas cuatro o cinco veces fuera de juego. El defensa del otro equipo me ganó todas las pelotas y la posición, estaba desesperado. En un acto que todavía me pregunto por qué lo hice, para sacarme la mufa, tomé la pelota como a 30 metros del arco avancé un poco y le pegué. Claro, el resultado fue paupérrimo. No me pude la pelota y el tiro avanzó como cinco metros a menos de un kilómetro.

        Ahí apareció el 11, que era mi dupla en el ataque, y me subió y me bajó a garabatos. Para no ser menos, yo también. “Hueón, te pedí la pelota mucho rato. Ahueonao”, “Habla más fuerte entonces poh, concha de tu madre”. Nunca supe cómo se llama pero de vez en cuando lo veo por la calle.

        Debut y despedida. Porque la verdad es que siempre fui mamón. Trataba de ser lo más correcto para hablar que se pudiera y mi vieja me prohibía decir garabatos. Ante tal falta a la educación que ella me dio, preferí castigarme por lo malo de mi actuar y nunca más fui a jugar.

        Años después aprendí que las chuchadas y sacadas de madre son parte y se aceptan en el lenguaje futbolero y mucho más cuando la cancha es de tierra. Ese partido lo perdimos como 9 a 1, con cuatro cambios de arquero y después de terminado el encuentro nos dimos cuenta que ellos jugaban con 12. El árbitro desestimó esto porque el jugador 12 del otro equipo era un niño de como 7 años.

        Pude haber sido el goleador histórico de las canchas del Parque de los Reyes, pero fui lo que fui por consecuente. No podía fallar así a las enseñanzas que mi madre me había dado a chuchada limpia.

        El Pelado fue a un partido más, hizo un gol, le llegó un rebote con el arco vacío. Perdieron 2 a 1 y no cambiaron ni una sola vez arquero. El Cumming estuvo en quiebra pero de nuevo se está armando. Sin cadetes, eso sí. Solo los grandes. A lo mejor ahora, con 23 años, vuelva por mi revancha.


lunes, 7 de noviembre de 2016

"Introducción a la Voluntad y Protocultura" parte II por Jhon Bacanalés

Como se podrá haber dado cuenta mi querido lector, he escrito una mezcla discreta de conceptos y temas que aparentemente se ven inconexos.  Todo esto se debe a que el tema que estamos tratando “Voluntad & Protocultura” no es un tema ordinario de pensamientos, sino, es una unidad de pensamientos o más bien es una totalidad de fuerza que es percibida a través del instinto y no del intelecto, por eso su complejidad al momento de explicarlo a través del lenguaje escrito.  Por ejemplo, no puedo tratar este tema como la historia o como la etiología en donde existen antecedentes, ordenamientos cronológicos, causas y efectos, agentes, elementos, sujetos y objetos.  Debido a la complejidad, ya mencionada,  recomiendo una segunda lectura; es ahí, en la segunda lectura donde usted podrá extraer todo el “jugo” que tienen estos textos; además de entender claramente y de forma auto-evidente lo que aquí planteo.

Voluntad y Protocultura son lo mismo, esta variación en su escritura y pronunciación se llama nomenclatura. En la nomenclatura Schopenahueriana el concepto es Voluntad y en la nomenclatura de los maestros de la robotecnia es Protocultura. En otras nomenclaturas encontramos los conceptos de Belleza, Virtud, Sabiduría y Amor; todas estas palabras contienen exactamente la misma sustancia de lo que hemos hablado desde el comienzo: “Voluntad y Protocultura”. Por favor, ver el siguiente recuadro:

Concepto de
Nomenclatura de
Voluntad
Schopenhauer
Protocultura
Maestros de la robotecnia
Belleza
Dostoyevski
Sabiduría
Escuela filosófica, Folclor
Amor
Jesucristo
Virtud
Aristóteles


Sin el ánimo de subestimar al amable lector, quisiera ser majadero en esto, debido a que es de fundamental importancia que usted entienda y pueda seguir adelante con este documento. Por favor ver el siguiente ejemplo, donde demuestro que todos los conceptos son lo mismo:

                La naturaleza con sus árboles e insectos es de una belleza absoluta.
                La naturaleza con sus árboles e insectos es de una voluntad absoluta.
                La naturaleza con sus árboles e insectos es de una sabiduría absoluta.
                La naturaleza con sus árboles e insectos es de un amor absoluto.
                La naturaleza con sus árboles e insectos es de una protucultura absoluta.
                La naturaleza con sus árboles e insectos es de un virtuosismo absoluto.

Si se dan cuenta, cambia la configuración de letras en cada uno de los enunciados sobre la naturaleza, pero el significado y la sustancia conceptual  entre uno y otro es exactamente lo mismo. Así que cada vez que nombre algunos de estos conceptos a lo largo de este texto es porque me estoy refiriendo a lo mismo. Por una cosa de flexibilidad y plasticidad intelectual me tomaré la libertad de ocupar en toda su extensión la nomenclatura aquí dispuesta.  Dicho sea de paso, continuaré.

El verdadero ser de las cosas es una voluntad irracional y ciega. Un electrón girando alrededor de su núcleo es de una belleza absoluta. Es ahí donde comienza la vida. Donde haya movimiento habrá energía, habrá voluntad, amor y sabiduría. La esencia de la cosas es la belleza. Y si esta especie humana cree conocer lo contrario, el concepto de fealdad, horror o mentira, es porque la bestia humana ha desviado el rumbo. En pocas palabras los yahoos (humanos) han perdido la Voluntad y  Protocultura. La falta de respeto a la fuerza creadora que dispuso todo esto para nosotros ha hecho que nos aferremos aún más a este mundo alienado y sin rumbo lleno de sueños infantiles y pensamientos homeopáticos con el fin de aliviar un poco la abrumadora verdad torcida en la que nos hemos auto-sentenciado. No hemos hecho las labores de mantención, cuidado y conservación de la cuales somos responsables.
Hemos abandonado a Vishnu y lo único que esperamos es que venga la fuerza destructora Shiva a redimir nuestra energía.

Continuará…

sábado, 5 de noviembre de 2016

"Volver a ser humanos" por Rodrigo Durán

Esta semana revisando el "proyecto Venus" por Internet; y escuchando algunos audios sobre el mismo tema; puse especial atención en lo que podría ser un futuro en el que esté sistema mundial económico colapsaría. Cuando ya no sea necesario tu trabajo, porque una máquina te reemplazó en funciones; en el audio que escuchaba se mostraba como ejemplo la transición de muchos obreros que quemaron en más de una oportunidad los telares electrónicos e incendiaban las fábricas; por haber sido reemplazados por máquinas que ni comían, ni dormían; y bajaban enormemente el costo de producción ya que su margen de error era fantásticamente menor.
Yo no me lo había preguntado...pero me detengo. Y analizo. Qué ocurrirá el día en que en nuestra sociedad mundial ya no sea necesaria la mano de obra humana...cuando ya no compren tu tiempo para que realices tal o cual función..?
¿Que haremos..? ¿Cómo viviremos..?
En este cuestionamiento estaba; y puse oído a lo que se decía...volveremos a ser humanos...a vivir más como antes; a hacer de la tierra un refugio y a plantar y cosechar; a mantener un espacio cuidado por ti; para alimentarte y darle lo necesario a los tuyos.
A tener tiempo para descansar de verdad. A disfrutar de las cosas simples...de un amanecer, de la lluvia, de los animales (si es que quedan algunos) porque ya nadie te dará un papel moneda a cambio de tu trabajo. Tu Lo harás por y para los tuyos. (Y para tu satisfacción)
Es cierto, no existe una fecha clara de cuando colapsara este sistema; del que unos pocos han alcanzado provecho y unos millares siguen de mal en peor.
Pero lo que si es claro; es que tarde o temprano volveremos a nuestro centro...a aprovechar nuestros talentos y dones; ya no al servicio de unos pocos billetes o monedas; ya no para recibir una paga a fin de mes...todo para cada uno y de todo. Donde ya no existirán clases sociales asociadas a más o menos dinero..o pagos virtuales...a mercados accionarios o a vejez deplorable debido a jubilaciones chistosas...como hay..alcanza para tod@s...suena utópico; pero creo que no estamos tan lejos de ese gran colapso. Cada vez más, hay más países en donde la gente emprende negocios propios; más gente aspira a ser independiente; más gente quiere tener mas tiempo con sus seres queridos y ya no vender su tiempo por papel moneda.
Por eso este sistema está destinado al fracaso; porque ya en su tiempo estuvo de turno el trueque..
Y también fue desplazado.
Definitivamente la única forma que tenemos de salir de esto, es de hacernos de un terreno; plantar; sembrar y cosechar nuestra propia comida. Ser AUTOSUFICIENTES un concepto que los más jóvenes les suena, pero no conocen; si yo aprendo a ser autosuficiente; ya no le sirvo a ningún gobierno, a ningún partido, a ningún comercio..porque no dependo de ellos. "Ellos" que por años decidieron por mi y eligieron todo por mi..ahora ya no. Ese es mi sueño. No depender más de ningún sistema y simplemente SER.
Editorial Cayo La Teja
Fanzines y libros cartoneros
www.facebook.com/editorialcayolateja


viernes, 4 de noviembre de 2016

"Ser atemporal" por Sol Caraves

Noviembre es una Bestia que duerme diez meses, todos los años toca salir pateando de sus entrañas para completar el ciclo. Todos los años me derrota y todos los años pienso lo mismo. Maldito noviembre, es como un pasillo que va estrechando cada vez más sus paredes y, sin embargo, aunque amenaza con destruirme siempre salgo ilesa. Piso tierra firme. Diciembre. Las fiestas, volver a las raíces, calor, vagancia, enterarme de las vidas de los demás, celebración. 

            Esencialmente lo que pasa es que en noviembre no alcanza el tiempo, parece el mes más corto del año, y conjuga todos nuestros miedos porque evidencia el fracaso o el éxito de nuestras metas. Yo que soy universitaria ad eternum, todos mis noviembres tengo ganas de abandonar la carrera, irme del país, iniciar una célula terrorista, tomarme un año sabático, suicidarme y poner una bomba en la facultad. Pero por más vuelta que le dé no es del todo justo atribuirle mis supersticiones a noviembre, sino más que nada entender que la raíz del problema es el tiempo. El tiempo y el calendario como imposición de racionar la vida de los hombres y las mujeres.

            Si pensamos por ejemplo en la antigüedad, en las culturas esencialmente agrónomas la vida de sus habitantes estaba regida por los ciclos de la agricultura, el paso de las estaciones y su relación con las cosechas, el tiempo es concebido como un espiral que reitera ciclos pero que no adquiere el hermetismo de la forma circular, porque a su paso transforma las circunstancias materiales de los hombres y mujeres, y al mismo tiempo, se renueva a sí mismo en un ciclo infinito que tiende a la reiteración de ciertos eventos inevitables, pero con un componente innovador. El tiempo, sin embargo, se deslinda de su calidad cotidiana, para separarse en tiempo mítico-sagrado, del tiempo cotidiano-mundano. El tiempo mítico es para preparar las ceremonias, reanudar los mitos y conservar la integridad de la comunidad, en este marco los calendarios “sagrados” son una herramienta que utiliza el poder centralizado para racionar la violencia dentro del orden social, por tanto, regula y delimita a la violencia dentro de un ámbito específico que se lleva a cabo dentro de un tiempo y un lugar determinado, otorgándole de esta manera un significado productivo a la vez que restringe su ejercicio dentro de un ciclo determinado.

La relación entre calendario y tiempo se vinculan con las necesidades económicas y teológicas de la estructura política y social, por tanto, varían de acuerdo a las exigencias de su contexto. Cuando el tiempo se legitima como sagrado, la violencia se circunscribe dentro de un ámbito cerrado y ceremonial, es por medio del sacrificio donde la violencia explicitada asegura la condición de supervivencia de un grupo, reanudando un ciclo, se sintetiza el tiempo presente, el porvenir futuro y el pasado, a modo de regenerar y restaurar los ritmos naturales y sagrados de los dioses.             

            En nuestro contexto, el tiempo es “oro” (esto viene desde el medio evo cuando los banqueros empezaron a cobrar intereses a los prestamos), el parámetro que mide el empleo de nuestro tiempo se relaciona con nuestra capacidad de producir ingresos monetarios para sostener nuestra integridad y pervivencia en el mundo material, vivimos regidos por las pautas del consumo y la liquidez, debemos ser eficientes y funcionales al orden social  según las modelos del mercado económico propuesto-que dicho sea de paso, regula a su vez todas nuestras relaciones interpersonales- sino nos acercamos a la anomia, la pobreza económica, la marginación y la muerte.

            El sistema económico y político de turno nos violenta continuamente y a la vez que raciona nuestro tiempo crea espacios para que el colectivo social canalice la fuerza destructiva sin que se vuelva en su contra, es así como propicia espacios de interacción popular donde se legitima la violencia, la violencia entre nosotrxs y la potencia autodestructiva. A la vez el orden social -impuesto por estás potencias que nosotrxs mismxs creamos- delimitan el ejercicio de nuestras actividades en un tiempo y espacio, entonces la vida de los sujetos aparece fragmentada porque debe acordar instancias para acceder a la violencia, al placer, al ocio, al amor mientras es aplastado por su necesidad productiva y al mismo tiempo su finitud. Bueno, eso, les invito a todxs este noviembre a romper con esta tensión entre lo que se supone que debemos hacer, lo que hacemos y nuestra finitud, porque nos está costando vida medir el tiempo cuantitativamente en proporción de éxito/fracaso y el ocio tiende a ser nuestra faceta más productiva, pensemos que el tiempo es una convención y que podemos apropiárnosla, tiempo es la dimensión del cambio. Nos vemos en diciembre, si es que sobrevivimos.
      
      

jueves, 3 de noviembre de 2016

"Crónicas de un agente" por Peli Cárdenas

Esta no es una historia sobre la dictadura. Es una historia paralela a la dictadura: un universo que existía en los 80, en el que sucedían las cosas a la gente común -dígase cosas tales como vivir de forma directa o cercana los abusos, la violencia, o vivir una realidad dónde parte de los recuerdos son los toques de queda o los cacerolazos, o la solidaridad de las ollas comunes. La olla común me hace pensar en un niño llamado Roberto Volta, un flaquito que resistía huesudo sus días gracias a la olla común. Era tonto el asunto, pero a mí me daba vergüenza eso de la olla común, porque éramos pobres pero no tanto como para necesitarla, pero ese simple hecho de participar en ella podía ser motivo de bullying en el colegio -católico subvencionado- al que yo asistía, había bullying aún cuando esa palabra no existía todavía en nuestro vocabulario chileno. Era normal que proviniera de profesores, compañeros de clase, el director de la escuela…. En los 80 la violencia era algo “normalizado” y deduzco que también lo era en las casas de mis compañeres de curso. Era normal la existencia de estos pequeños grupitos de matones que hacían de las suyas en el colegio sin que nadie ni nada se pusiera en su camino o les diera un escarmiento. Eran para mí pequeños agentes de la dictadura, provocando miedo, instaurando un régimen autoritario dentro de un régimen autoritario dentro de un régimen autoritario…

Pero me estoy desviando. Alguna vez escribí otra historia sobre cómo conocí a la Stella Díaz Varín, a causa principalmente de mi Papá, quien trabajaba en el prestigioso Hotel Carrera, que pasó a ser en 2004 del Ministerio Relaciones Exteriores. Dice mi papá que la Soledad Alvear era su favorita en esa época del Gobierno de Lagos, que ella iba a tomar desayuno al hotel todos los días, pero luego que se enteró que iban a cerrar el hotel porque su ministerio –el de la Soledad- lo había adquirido (Ministerio de Relaciones Exteriores), había dejado de saludarla para siempre.

Varias cosas habían pasado en ese hotel que quedaba a pasos del Palacio de La Moneda. Desde su azotea se pudo observar el bombardeo al Palacio de la Moneda el 11 de septiembre de 1973. Y muchos de las informaciones que se registraron en ese día, había sido realizadas desde ese lugar. Restos de metralla se podían observar en los muros laterales del edificio, así como se ven en un costado del museo de Bellas Artes, que han sido preservados a propósito, como parte de La Memoria.
El Hotel Carrera recibió gentes de todos los rincones del planeta, y era el centro de operaciones de la prensa cuando se desarrollaba alguna crisis en el país. Jefes de Estado, presidentes, actores, cantantes, compositores, astronautas, poetas, espías, empresarios, hombres de negocios, mafiosos, autores de grandes obras, firmantes de pactos internacionales secretos ocuparon alguna de sus dependencias desde 1940. Declarado patrimonio histórico de la ciudad, el Carrera guardaba secretos, romances clandestinos, adulterios de portada de revista, borracheras, tertulias; hasta la Reina Isabel II estuvo allí, Gary Grant, Libertad Lamarque, John Wayne, Plácido Domingo, Julio Iglesias, Lola Flores, Joan Manuel Serrat, Ray Charles, Ceci Bolocco después de ganar el cetro de Miss Universo… y Juan Pablo II, para quien el hotel convirtió una habitación en una capilla.

Y me voy a quedar con El Papa para esta historia. Antes de que visitara Chile en 1987, El Papa fue mediador entre Chile y Argentina en un conflicto que estuvo a punto de causar un conflicto armado entre nuestros países. Fue por este conflicto y por trabajar en el Hotel Carrera en dicha época, que mi papá conoció a Santiago Benavada, abogado y diplomático chileno fallecido en 2004. Santiago Benavada quien había renunciado al Ministerio de Relaciones exteriores en 1977,  tuvo que volver en 1978 cuando Argentina se negó a reconocer el  llamado Laudeo Arbitral de 1977. Benavada formó entonces parte del equipo que comenzó las negociaciones entre Chile y Argentina, por el llamado Conflicto del Beagle. Entre 1979 y 1984, Benavada participó en la delegación en Roma para la mediación papal.

La cosa estuvo caliente: se movilizaron tropas, se enviaron conscriptos a la zona del conflicto, hasta se hicieron películas al respecto sobre soldados jugando futbol en La Patagonia, abandonados a su suerte (“Mi mejor enemigo” de Alex Bowen). Yo en esos años no sabía ni entendía nada porque era chica, pero algo recuerdo de las noticias.

Algo aconteció:  un evento importante, y quizás por eso recuerdo esas noticias, porque mi papá conoció a Benavada y Benavada envío a mi papá a Argentina, en un viaje relámpago, con valija diplomática, para ir y volver en veinticuatro horas.
Hace un par de meses me acordé de este evento. Mi papá en el universo paralelo que vivimos en La Dictadura resultó ser un agente de mediación en dicho conflicto. Y no es que yo me crea la muerte por ello, pero mi papá sí considera que fue un momento importante, terrorífico, emocionante, de mucho nerviosismo. Y es que las instrucciones que le dieron era de terror: que estuviera muy vigilante y atento a todo, que no hablara con nadie, que tenía casi que dudar de todo y todos, no dejar que nadie se acercara, no comentar nada en ningún momento, ni en el avión, ni en el aeropuerto, etc. En definitiva era un trabajo fugaz pero peligroso, en plena dictadura.

Como decía, Santiago Benavada envío a mi papá a la Argentina con una valija diplomática que seguramente llevó encadenada a su muñeca. Ese viaje fue su primera vez en un avión, y su primer viaje a la Buenos Aires.

Seguramente mi papá realizó este trabajo a cambio de ningún pago. Y me impresiona esto de que a Benavada confiara en él para ese trabajo. Mi papá no se metía en política, se guardaba su opinión, y es que él decía que cuando se iba al trabajo por las mañanas muy temprano, a veces podía ver los cuerpos tirados en La Panamericana Norte (ruta 5).

No tengo más detalles sobre el viaje y la estadía en Argentina. Sólo sé que era un asunto confidencial. Mi papá era como nuestro héroe anónimo y cuando regresó a casa luego de esta aventura, era otra persona. Cómo que algo le había cambiado este viaje.

Traía consigo muchos “recuerdos papales” que duraron por años en nuestra casa de Quilicura; pequeñas insignias doradas, banderitas blancas y amarillas, entre otras cosas. Y entre tanto souvenir, había algo que Mi Papi ha considerado por años como objeto valioso: se trataba de una moneda. Una moneda grande, de plata que tenía acuñado el rostro de Juan Pablo II. Mi papá la mantiene en su cajita de recuerdos importantes, seguramente bajo el recuerdo de Negociador de la Paz.

Finalmente Chile y Argentina firmaron un tratado de paz y amistad en 1984. Juan Pablo II, recién vino en 1987, a aquietar un poco la convulsionada vida de los chilenos –según dicen-. Vino un año antes del plebiscito de 1988, cuando se votó la salida de Pinochet.

Mi papá también trabajaba en El Carrera en esos años cuando vino El Papa y seguía allí también en 1990, cuando apareció en una habitación el cuerpo del periodista Jonathan Moyle, quien cubría la FIDAE. El inglés fue encontrado muerto en el closet de su habitación y los órganos vitales habían sido removidos de su cuerpo. Por eso la investigación no pudo determinar que había sido homicidio y el caso fue cerrado. Se dice que Moyle estaba a punto de revelar un acuerdo de armas entre Iraq y un traficante de armas de Chile (Cardoen), pero esa es otra historia. FIN


miércoles, 2 de noviembre de 2016

"El Único" por Sergio Bravo Loyola



El  único

Mis primeros pasos en el mundo del fútbol fueron, como los de muchos que he conocido, en un deporte parecido pero no igual: la pichanga.

En el pasaje Berlín, lugar donde crecí y me críe, pasaba largas horas jugando y chuteando todo tipo de balones con la generación que era más grande que yo. En esa época ellos tenían quince o dieciséis años y yo sólo cinco.

El partido que recuerdo con más claridad fue cuando jugamos un domingo, en la noche –nunca jugábamos los domingos en la noche porque la ley del “ir a clases” nos lo impedía– pero ese día se jugó, un domingo y de noche. Toda una revolución.

“Los grandes” como llamaba al grupo ya mencionado, que eran los mismos cabros que elegían y se creían personajes de Dragon Ball Z después de ver una película de la serie, se dieron el lujo de poder burlar el poder imperante y organizaron a eso de las nueve o diez de la noche una pichanga.

No sólo teníamos en contra al horrible horario escolar, también estaba como antagonista alguna vecina que pudiera salir a reclamar por la bulla ya que a esa hora estaba acostada esperando o viendo el tiempo para ver si podía colgar ropa al día siguiente.

Además de esos factores, recuerdo el partido porque mi mamá estaba sentada en la puerta de la casa viendo el cotejo. Era la única y en primera fila, sin ningún temor a los pelotazos.

No podía ser menos, entonces. Había una sola hincha en la cancha y era mi hincha. Metí alrededor de seis goles, el equipo rival reclamó diciendo que eran cinco porque me acusaron de haber sacado de las manos la pelota al arquero en el último tanto.

Para mí claro que valió, si se la quité o no me dio lo mismo. Mientras los demás discutían por la validez del tanto, ocupando argumentos como el “gol o penal”, yo corrí como loco. Había sido una noche redonda.

Para mí valió. Valió mucho. Cuando corrí fui a la puerta, a la silla. Ese gol, el sexto de ese domingo en la noche, viciado o no, valió más cualquier otro. Ese gol fue el único que le dediqué a mi mamá.





martes, 1 de noviembre de 2016

"La vocación o eso que somos" por Macarena Yupanqui

  Cuando niños, de pronto nos encontramos con que nos llevan al colegio, al jardín, a la escuela o a algún lugar ajeno a la comodidad de nuestra casa, donde  vamos a aprender de manera sistemática y obligatoria, cosas que no nos enseñan en casa, o al menos no de esa forma. El conocimiento está dividido en distintas áreas y así vamos comprendiendo mejor el mundo que nos rodea, lo externo comienza a tomar sentido  y de a poco vamos utilizando esa lógica para también entender las cosas más allá de cómo se nos muestran, es decir, comenzamos a sacar conclusiones, a formularnos preguntas, a inventar, a crear y a dudar. Este proceso, es algo que nunca termina, por ejemplo, la comprensión del lenguaje no se acaba cuando aprendemos a leer, y así es en todas las áreas.
  Pero hay algo que muchas veces parece ser olvidado por las escuelas y por la educación que nos entregan día a día en el hogar, y eso es el auto-conocimiento. Claro está lo importante que es conocer el mundo para entendernos a nosotros mismos, ya que somos parte de él y debemos reconocernos en ese espacio-tiempo y circunstancias, pero no debemos olvidar que así como experimentamos el aprendizaje desde lo exterior, debemos también experimentarlo desde lo interior, ahí adentro hay un mundo igual de infinito, diverso e importante para el proceso de experimentar la vida.
  Estudié desde primero básico a cuarto medio en un colegio católico, de monjas, donde siempre se nos habló de la vocación, esa palabra que constantemente resonaba como algo de suma importancia para la vida, pero para esa vida exterior y normativa, donde había que elegir de manera segura y definitiva lo que íbamos a ser “cuando grandes”: los estudios, la profesión, el trabajo.  Se supone que teníamos 12 años para encontrar nuestra vocación, o más bien, para buscar nuestra vocación y encontrarla al salir del colegio, demostrando ese encuentro en una buena decisión al momento de elegir una carrera y entrar a la universidad. En este punto, es donde muchos de los que teníamos vocaciones ligadas al arte y la filosofía, nos perdíamos, ya que la educación tradicional tiende a excluir estas áreas de la vocación normativa.
La biblia dice: “muchos son los llamados, pocos los escogidos”, y para los que no fuimos de los escogidos, es tarea difícil responder implacablemente al llamado de Dios, necesitamos guías y maestros en los primeros procesos de auto-conocernos, somos los débiles, los de metabolismo lento. Pero sí creo que podemos renunciar al estado de confortabilidad para transformarnos en seres escogidos: escogidos por nosotros mismos para hacer lo que realmente somos y ese es el verdadero llamado de Dios.
  Por esto mismo,  las monjas deberían haber usado el recurso religioso para instruirnos acerca del tema. Ya que según el catolicismo la vocación es el puente entre lo que somos y Dios, es un llamado divino a encontrarnos y seguir nuestra misión en el planeta: “… la absoluta libertad de Dios que llama y la libertad humana que responde a esta llamada”.
  Considero que si bien, esto está dicho por el catolicismo y muchos discrepamos de la filosofía y el qué hacer de la iglesia católica, es una definición que se acerca fielmente a lo que es el auto-conocimiento, el reconocimiento de nosotros mismo y el valor que este reconocimiento tiene para encontrar sentido a la vida. Cada ser humano viene “destinado” o “fabricado” con ciertas características, para cumplir una labor determinada en el mundo y la verdadera vocación está en encontrar esa labor, más allá de normas sociales o morales que rigen nuestro hacer, debemos encontrar las reglas internas que nos guían a hacer lo que somos.