miércoles, 30 de noviembre de 2016

"AL CHAPECOENSE" por Sergio Bravo Loyola



                El Chapecoense. Un equipo que en lo personal no ubicaba, ni sabía que iba a jugar la final de la Copa Sudamericana: hasta hoy.

                La noticia la sabemos todos. Un trágico viaje. Choque del avión donde murieron más de setenta personas, entre ellos la gente que trabajaba en el avión. Iban a Colombia, Medellín. Iban a disputar la final.

                Deberían haber salido en las portadas por otras cosas. La gente, su familia e hinchada, deberían estar derramando lágrimas por haber conquistado, quizás, su primera copa internacional o por haber rozado la gloria.

                Pero no. El destino es cruel a veces. Como al Alianza de Lima, como al Strongest de Bolivia o los hinchas de O’higgins de Rancagua. Todos ellos sufrieron del destino cruel. De las máquinas.

                Gracias al comentario siempre fiel de Jorge Rubio, el Poke, me enteré que entre los jugadores uno iba a ser papá, selfies y demás. Alegría pura. Iban a Colombia a jugar la que quizás era la primera final continental del club.

                Ninguno de esos jugadores, ninguno, va a poder tener otra chance. Ninguna revancha para meter el penal errado, para salir jugando a toque corto o despejarla lo más lejos que se pueda. No hay más oportunidad para evitar esa amarilla que te dejó fuera del siguiente partido. No se va a poder dar más el próximo partido. Porque en este partido de 180 minutos, hubo ida pero no hay vuelta.

                Hoy el fútbol que tanto queremos suma más de setenta estrellas nuevas en su firmamento. Hoy el fútbol que tanto queremos no va a poder dar esa revancha que siempre esperamos.

                El Chapocoense está de luto. Quizás Brasil entero está de luto. El fútbol está de luto. Pero hoy el pasto de cada campo de juego será más verde. Buen viaje a la cancha eterna y desde arriba sigan regateándole al destino: ese destino que los tuvo tan cerca de la gloria pero más cerca de la muerte.




lunes, 28 de noviembre de 2016

"La ciudad inalámbrica" por Jhon Bacanalés



Las ciudades son una especie en extinción. Ya no hay necesidad de crear redes públicas análogas-empíricas-electrónicas- sustantivas como tiempo atrás. Uno está a 30 segundos de todo el “conocimiento” del mundo y  viceversa [pongo la palabra conocimiento entre “” porque en realidad no es un verdadero conocimiento, sino, más bien  un conocimiento representativo común de las cosas; pero ese es tema para otro curso]. A esto queda reducida la experiencia de estar vivo, a una representación inmediata brindada por el dispositivo o aparato tecnológico de moda. ¿Qué necesidad hay salir a pasear por las callecitas del barrio, si podemos navegar desde la comodidad del asiento, pinchar la aplicación google heart y recorrer el lugar que se plazca? Como bien se podrá dar cuenta mi querido(a) lector(a), la especie humana de raza citadina está condenada a un sedentarismo extremo y morbosa obesidad. Solamente se ejercitan  pequeños músculos, principalmente los que tienen que ver con la coordinación óculo-dactilar y el resto del cuerpo resulta ser un apéndice primitivo no acorde a los tiempos actuales. ¿Qué se puede esperar de nuestras ciudades, si ya nuestros cuerpos biológicos se están atrofiando? o aún más acotado, ¿Cuál es el futuro que le depara a nuestro barrio  y a nuestras rodillas que tienen que soportar demasiado peso? Basta recordar el extinto barrio El Llano en  la comuna de San Miguel y la crueldad hecha concreto en la comuna de Estación Central, más específicamente en General Velázquez con Alameda. Como bien se podrá dar cuenta, cuando uno contempla demasiado un problema, ese problema empieza a habitar dentro de uno. ¿De dónde nació toda malformación de habitar el mundo? ¿Será desde el vacío interno de sus habitantes? ¿o desde el criterio y buen sentido del negocio que tienen sus autoridades?.
El problema ya está instalado, la extinción de las ciudades y  también la de sus habitantes.
Yo por mi parte sé muy bien cuál es la receta para recuperar las fuentes de protocultura (prototipo de cultura) simplemente tenemos que recurrir a nuestra condición natural de criaturas conscientes e inteligentes: cuidar mantener y conservar; el respeto como disciplina. Basta con recoger la basura de la vereda de tu casa –si es que aún tienes casa y no vives en departamento- y regar el árbol que está enfrente, además de caminar con tus seres queridos al parque y pisar el planeta tierra con los pies. Todo esto tiene que ser en el anonimato absoluto a partir de la voluntad, y no de la  burda representación de una selfie (fotografía tomada a uno mismo por uno mismo) haciendo las tareas ya descritas; empero carecería de importancia y fundamentación el riego de las plantas el aseo de las veredas. 


sábado, 26 de noviembre de 2016

"Biorritmos"por Rodrigo Durán


De regalo (aunque yo tenía la sensación que fue como un rescate) les lleve una pareja de hamster a mis hijos. Confiando en lo que el vendedor de la tienda de mascotas me indicaba. Paso el tiempo; y se les veía pelear frecuentemente; así que decidí llevarlos al veterinario de la tienda para que me indicara que hacer. Para mi sorpresa: tenía una pareja de hamsters y no un par de machos, como me los vendieron.
Finalmente tuve que separarlos; porque sus peleas eran del terror.
Pero después comprendí el motivo; la hembra ya no quería al macho cerca y lo mordía o arañaba para alejarlo...a los días note que ella no salía de su casita. Claro! Estaba anidando en su interior 6 crías no mas grandes que un dedo meñique, y como las gatas, los escondía debajo de ella y no dejaba que  nadie los tocara; o se acercará (instinto de supervivencia) al tiempo después tuve que hacer entre varias cajas de plástico; una suerte de hotel para mascotas; cada uno con su lugar para tomar agua y comer; incluso dormir; claro, porque los hamsters son roedores nocturnos que se activan de noche y de día duermen (a menos que los despiertes y eso los asusta mucho porque están acostumbrados a obtener su alimento de noche, por sus depredadores naturales)
Paso el tiempo y fueron creciendo; tuve un análisis profundo de sus vidas de mascotas; era increíble la similitud con nosotros en cuanto a la LIBERTAD; por lo general ellos no saben que están encerrados o atrapados en una caja plástica, porque nacieron en cautiverio...pero a la primera de soltarlos ellos buscan por todos los medios, volver a experimentar la LIBERTAD...el correr libremente hurgando; buscando una salida a su mundo original...ese que su cuerpo le dice "allá afuera hay más...corre...busca"
Lamentablemente estos animalitos, sufren de estrés cada vez que quieren salir y buscan la libertad a toda costa; eso les pasa la cuenta y ese estres; los desgasta al punto de morir como todos sus congéneres: de un ataque al corazón.
No está de más comentar que su nivel de envejecimiento es superior a cualquier otro animal; debido a todos estos factores.   
Fue de esta forma, como nos fuimos despidiendo tristemente del papá; una hija; un hijo; y finalmente luego de ver como había formado a una familia completa...la mamá.
Muchas veces pensamos que la madre sería quien partiría primero; quizás por su estado; chiquitita y delgada. Con su pelaje ralo; los ojos grises y deteriorados; guiándose sólo por su segunda visión:el olfato.
Y esta es mi reflexión. El Biorritmo.
Ese segundero interno que nos acelera o ralentiza según vivamos las experiencias diversas de la vida; más los factores externos: vivir en el campo no es lo mismo que la ciudad; tantas y tantos Biorritmos...y de tantas clases...lo cierto es que conforme pasa el tiempo; el campo de batalla de tus emociones (tu cuerpo) empieza a dar alertas de que "ya no más"...de que pares de una vez, con eso que te esta derritiendo la vida como el calentamiento global a un ártico casi extinto...
Tenemos claro que desde nacemos la certeza mayor es que el envejecimiento es algo que no podemos cambiar; pero que si podemos modificar con nuestra forma de vivir.
Yo al menos no pretendo irme de este mundo sin antes hacer de esto que llaman vida; una experiencia maravillosa; viviendo desde la alegría, el optimismo, el compartir con otros, la pasión por hacer y dejar buenas cosas aquí, antes de irse...para los que sigan, para los que vienen recién llegando.. RD



jueves, 24 de noviembre de 2016

LA CIUDAD INVISIBLE por Elizabeth Cárdenas


Mis primeras vinculaciones conscientes con (en) la ciudad, se inician por la lectura de dos grandes poetas: Elvira Hernández y el fallecido Gonzalo Millán. Los poemarios que ellos escribieron: La Ciudad, Gonzalo Millán en 1979; Santiago Waria (ciudad en mapuzungun), Elvira Hernández en 1992; ambos serán próximamente publicados por la editorial La Joyita Cartonera. El texto de La Ciudad fue revisado por Gonzalo Millán antes de su muerte en 2006; y Santiago Waria (poema "S" del poemario del mismo nombre) de Hernández, es publicado junto a un poema inédito "Santiago Rabia”. Implícita o explícitamente, los dos textos se relacionan con la ciudad de Santiago de Chile.
El motivo principal -como editora- para publicar estos textos y autores, es un ejercicio de Memoria intangible, de recordar, reconocer las miradas heterogéneas a la memoria historiográfica, la mirada de los individuos a través de los sujetos poéticos. Ya sea desde el exilio en dictadura, o en la dictadura del sistema económico. La ciudad y su espacio público, son modificados por terribles sucesos históricos o por “la modernidad”. Hay una reflexión sobre su cambio, su caída, distinta a la historia exitista oficial, la de las monumentos, las de calles con nombres de héroes, los aeropuertos y centros comerciales.
La ciudad poetizada por Millán, tiene mucho de Las ciudades invisibles de Italo Calvino. El poeta describe una ciudad que se recorre se vive desde los recuerdos. Ciudad que fue habitada en un contexto social del gobierno de la UP, que se transforma y cae con el golpe de estado de Augusto Pinochet. Elvira Hernández por su lado, describe una ciudad en cual el sujeto poético es impactado por la nueva ciudad con sus autopistas neoliberales, donde todo camino conduce al mall, y si no se está en el mall, hay que hacer como que se está en el mall. La Ciudad de Hernández es una ciudad sucia, desordenada y mestiza.
De acuerdo al texto de Harvey (Ciudades rebeldes, del derecho de la ciudad a la revolución urbana), es a través de la poesía, que los sujetos poéticos describen reconocen una misma ciudad sitiada atemporal, una ciudad en transición, y luego la ciudad del nuevo modelo económico. La ciudad de Santiago ha sido transformada en su arquitectura. La burbuja inmobiliaria hace imposible habitar en ciertas comunas de Santiago (si no se tiene el poder económico suficiente). Ello fuerza a la clase trabajadora a buscar vivienda en las afueras de la ciudad (en el margen de ella) o en zonas despojadas de crecimiento (aunque latente en ellas), que luego serán compradas por inmobiliarias. Dichos barrios serán reemplazados por más edificios, como ahora sucede en algunos puntos. En la ciudad (en Santiago) se puede reconocer la burbuja inmobiliaria y el crecimiento indiscriminado, que va reemplazando los terrenos cultivables por edificios o viviendas, o donde el retail en esta demostración de crecimiento vía gigantes edificios se impone de manera descontrolada. Así se erige el edificio Costanera Center como un monumento, un menhir, un símbolo de la acumulación económica que se proyecta sobre el resto de la ciudad sin igual. Ese es el nuevo monumento de la ciudad, que ahora se ve proyectado como símbolo de la ciudad misma, sin que se haya establecido de parte de la opinión pública, sino de parte del sector privado.
El movimiento editorial cartonero, que surgió luego de la crisis del corralito en Argentina (2003) se ha expandido en Latinoamérica como una contracultura a las “industrias” del libro, como respuesta a una crisis donde el que no tiene dinero, no accede fácilmente a la obra ni al conocimiento.
Si me pongo a pensar en por qué he escogido empeñarme en lograr este tipo de publicaciones, principalmente ha sido como una reacción a la desaparición de los barrios, y la pérdida de la memoria que me afecta tras este cambio propio de la gentrificación de la ciudad. “Qué había aquí antes”, me digo a veces, y es también lo que ocurre en la historia colectiva: “qué había aquí antes”, antes de este comportamiento de las masas, antes de cualquier violencia. ¿Qué era lo que ocupaba antes la ciudad? No quisiera retroceder a épocas anteriores, más bien apelo a esa pregunta de ¿qué valioso fue reemplazado por la basura, por el grito y el empujón? Quizás lo que había allí antes era la palabra respeto, ese espacio donde tú y yo, sumados, somos un ser tercero que lleva lo mejor y más crítico de nosotros. FIN

miércoles, 23 de noviembre de 2016

"DOS MARRAQUETAS" por Sergio Bravo Loyola



                Ahí va la abuelita. Pongamos que se llama Hilda o Delia o Rosa. Ahí va la abuelita. Con ese paso lento, calmado, cansado. No le importa si al sol o a la sombra, ella va.

                La veo siempre. Como a las cinco o seis de la tarde. Camina por calle Herrera, llega a la Panadería. Con la misma calma que anda sube el peldaño, saluda, va al pan. Los elige con cuidado. Los mete a la bolsa blanca de plástico y los pesa.

                Con la paciencia que eligió el pan y camina, la abuelita (que se puede llamar Marta o María o Inés) saca su chauchera. Las tira todas al mesón y las separa, las cuenta, las toma y las pasa. ¿Algo más? le preguntan.  Nada más, dice.

                De la bolsa blanca de plástico se traslucen dos marraquetas. “Nada  más” dice ella. Dos marraquetas, pienso yo. Quizás para ella y su viejo. Quizás sólo para ella, para tomar tecito y dejar para el desayuno de mañana.

                Se despide la abuelita, que se puede llamar Julieta o Julia o Marcela. Baja con esa calma, como si ese fuera su tiempo. Como si los días tuvieran 48 o 72 horas. Y por calle Herrera retoma el camino.

                Se irá a su casa. Prenderá la tetera. El viejo pondrá la mesa y se sentarán a tomar once y ver la teleserie. O no, quizás el viejo ya no esté. Y ella pondrá la mesa y se sentará a tomar once y ver la teleserie. Se acostará temprano, antes de las noticias. Mañana se levantará con las gallinas, como dice ella.

                El domingo vienen los niños con los nietos. El tata y la abuelita van a estar felices. O la pura abuelita, con el viejo siempre presente en esa foto en blanco y negro que tiene en el living.

                Mañana de nuevo saldrá a comprar el pan, a la misma hora, porque empieza el fresco y sale calientito. No sabe qué hará de almuerzo pero tiene ideas. Yo la miro mientras camina. Y me quedo parado un rato para que me saque ventaja. No quiero que mi mundo, ese que anda más rápido que de costumbre, la vaya a asustar o haga que camine más rápido. En cambio la espero, la miro, y dejo que esa lentitud, esa calma o ese cansancio, me llene un ratito.  




lunes, 21 de noviembre de 2016

"Principio de Saturación" por Jhon Bacanalés

Con el movimiento comienza la energía y con la energía comienza el movimiento. ¿Pero de dónde viene esa energía, de dónde viene esa motivación? ¿Qué es lo que nos lleva a movernos? Claramente la respuesta es la voluntad; ese pulso irracional y ciego que es el verdadero ser de la cosas. Pero en el mundo fenoménico, se explica a través del principio o ley de saturación; El estado fugaz de saturación  es lo que nos lleva a movernos o a cambiar de condición o a transportarnos de un punto a otro. [Cuando digo nos, me refiero desde la más ínfima unidad de materia hasta la más compleja] Hago esta distinción entre mundo fenoménico y protocultor (voluntad) ya que esto permitirá una mejor comprensión sobre este tratado específico de Voluntad y Protocultura.

Hay que recordar que cuando hablamos de principios o leyes, estamos operando sobre el plano fenoménico y cuando se habla de fuerza estamos operando sobre la totalidad del universo. No es lo mismo decir ley de gravedad que fuerza de gravedad.

En el principio o ley de saturación intervienen elementos altamente fenomenológicos como el placer, el tedio y la satisfacción. Cuando se alcanza el punto de saturación de placer o tedio, automáticamente se cambia de condición: de menor movilidad a mayor movilidad. Por ejemplo: ¿Qué fue lo que empujó a esa ínfima partícula de materia y la llevó a moverse? La respuesta podría ser, la saturación del aburrimiento (tedio). Esa ínfima partícula de materia se aburrió de estar inmóvil y comenzó a moverse. Otro ejemplo, a nivel macro: Luchito guardó su cuaderno y sus pertenencias y salió de la sala en la mitad de la clase. ¿Qué motivó a luchito a salir de la sala de clases? Luchito llegó al punto de saturación del tedio debido a que la deficiente profesora leía tartamudeando unas diapositivas pobremente elaboradas por ella misma. Producto de esa sensación de  tedio extremo Luchito sale de la sala. Y al salir de ese antro de aburrimiento y distorsión educativa, muy satisfecho por su decisión, camina por el jardín del colegio y se dirige al parque a respirar aire puro y eso le produce un alto nivel de placer. Ahora bien, cuando luchito se aburra de estar vagando por el parque se dirigirá a otro lugar a entregarse placer y así sucesivamente vivirá en un péndulo de placer y tedio satisfaciendo sus apetitos de bestia.

Recomiendo leer y reflexionar sobre los principios herméticos del libro el kybalion. Específicamente el principio número tres, el de la vibración que índica "Nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra" 

sábado, 19 de noviembre de 2016

"De sociabilizar y otras yerbas" por Rodrigo Durán


Desde niño la timidez me provocaba esconderme tras los postes de la luz; ante miradas que me sonreían o gente desconocida.
Con el tiempo uno razona. Enfría esa parte que tiene que ver con sentir sonrojo y se la mete al bolsillo.
Fruto de un padre que orgulloso lucía a uno de sus hijos para que cantara (obligado) ante unos expectantes invitados; canciones folclóricas que no entendía, ni menos, gustaba.
Ahora ya de adulto, comprendí que a los niños no se les obliga a nada; puedo mostrarles que hago (siendo ejemplo) y las técnicas que utilizo para lograr lo que me gusta; pero no obligarlos a que hagan, lo que a mí me gusta.
Recordaba que pase por varios colegios y mi única forma de flotar en la infancia y la adolescencia era haciendo buenas migas con los de mi edad; pero lamentablemente no podía hechar raíces en esas relaciones debido a que mis padres se cambiaban de casa constantemente...y seamos               sinceros...si eres niño queramoslo  o no...la distancia es un factor que impide que mantengas relaciones de amistad a lo lejos...de esta forma siempre tuve muchos "amigos" más que nada  conocidos; que me  compartían sus peripecias o yo ayudaba en ellas y juntos hacíamos parte de este montón de gente que viene a hacer de este sitio un lugar mejor de este  planeta. La niñez fue una cachetada de payaso...no sabia si reír o llorar...la adolescencia fue un golpe en la guata y la adultez ; sería como estar en el ring del " club de la pelea" sólo que en este ring, tengo que luchar por dejar los fantasmas de la timidez y del sonrojo por hablar en público; exigir lo justo; y avanzar.
Nunca pensé (hasta ahora de adulto) que tanto puede afectarte  siendo niño; el ser del montón o preferir estar al término de una fila para que no te consideren...entendí entonces que para conseguir objetivos, metas y logros; tendría que "sacar el habla" como decían los abuelitos...haciendo de esta tarea repetitiva mi forma de expresarme. También comprendí que en la medida que sociabilizaba; creaba redes, me fortalecia y no tenia ya que sentirme mal o culpable por acudir a otros en busca de lo que sintiera una necesidad...conforme pasaron los años decidí un día, que seria valiente y no tendría más temor de pararme frente a la gente y decir Lo que pienso...algunas experiencias como tener que exponer ante mucha gente; también ante gente más joven que yo (y ahí me sentía más seguro porque hablaba desde mi experiencia y seguridad); avanzando en el tiempo; me di cuenta de que el sociabilizar me acercaba a la gente y eso me regalaba la opción de aprender de aquellos que ya habían vivido más que yo o que tenían algún conocimiento interesante para practicar o aplicar a mi vida.
Tener amigos y conocidos me dio la posibilidad de seguir creciendo como persona; aunque muchos no lo quieran admitir; somos seres etareos  y necesitamos los unos unos de los otros. Vivimos en un momento clave; sólo falta tu voluntad para acercarte a otros y aprender. RD